Un día prometí, te prometí, que dedicaría unos párrafos a hablar sobre el anticristo.
[el nuestro]
Pero lo que nunca te dije es que debía escribir algo sobre ti antes. Porque una historia de terror no se puede entender si sólo hablamos del malo.
Y tú, amigo, eres el bueno.
A veces me gusta sentarne en aquella estancia de mi memoria que, no sé por qué, siempre está dominda por un trono de obsidiana. Es el único sitio donde todos mis fantasmas me dejan tranquilo, desde ahí puedo luchar contra ellos.
Y observar con la curiosidad de un niño al que se le descubre un mundo ante sus ojos. Contemplo esa película de mi vida que las malas lenguas dicen que se proyecta en tu retina antes de morir. Y sólo en ese momento puedo ver el orden de todas las cosas que ocurren en mi universo, y verlas en persperctiva.
La primera escena comienza en un hospital, a la hora de comer. Vengo al mundo y mi padre derrama una lágrima porque, después de dos intentos, ya tiene el varón que deseaba.
[flash forward]
Nunca más le he visto llorar.
[flashback]
Tengo edad suficiente para afeitarne, pero aún no llego (ni llegaré) a lo que se considera una barba respetable. Intercambio miradas con la persona que debía ser mi primer amor, y me meto de lleno en mi primera (y segunda) gran equivocación. Las bicicletas son para el verano, y los fracasos no tienen fecha de caducidad.
Y me equivoco, mucho.
Vivo una vida que le corresponde a otro hasta que un día todo mi universo se desmorona, y toca construir otro a mi imagen y su semejanza.
Después llegan varias escenas en las que la película está velada. Cero a la izquiersa, me quedo sin fuelle. ¿A qué espectador le interesaría la vida de alguien sin expectatibas? La audiencia manda, necesita un final feliz.
[the show must go on]
Alguien dijo una vez, probablemente ebrio, que lo que valemos se puede medir a partir de los recuerdos que dejamos en el mundo. Y de aquellos años no queda nada que salvar, nada reseñable en la transición hacia ninguna parte. Es fácil tropezar si no tienes quién te guíe.
Desde mi trono, en lo más recóndito de mi memoria, muestro un gesto de incredulidad: nadie querrá ver el final de esta película. Porque hasta un niño podría aventurar cómo podría haber sido mi futuro.
[pero se equivocaría]
Y así, cuando el guionista se resignaba a desarrollar sus argumentos planos, el destino decidió apostar todo al negro, aunque el mismísimo satanás, desde su atalaya, pusiera su pulgar hacia abajo.
¬ Terminad con él.
Y entonces, en un giro argumental sin precedentes, destino recurrió a Pepito Grillo. No había otra forma de que la historia terminara bien.
Fuiste la cruz que necesité para alejar el mal.
[vade retro satanás!]
Fuiste la brújula que necesité para salir del infierno.
[en contra de mi voluntad engañada]
Fuiste el faro que marcó mi camino por la senda del progreso.
[se puede salir]
Y fuiste, desde el mismo momento en que te dejé entrar en mi vida, mi salvación.
Pero desidia nunca olvida, y por eso necesito que no bajes la guardia, que me ayudes a vencer a todos mis fantasmas.
[como siempre has hecho]
Te quiero, lo sabes. Porque, aunque sea en el fondo, sabes que eres lo mejor que me ha pasado nunca. Así que, amigo, sigue en mi conciencia. Pepito, Grillo, o como te quieras llamar, juntos podemos escribir un buen final.
Ya lucharemos contra el mal, tenemos todo el tiempo del mundo.
[no te vayas nunca]