Febrero 05, 2003
Vuela arriba, vuela alto

Un día conocí a una paloma. Blanca, radiante, libre. Me enseñó a volar, me ayudó a orientarme y, en ese momento, supe cual iba a ser el norte en mi vida. Lo supe y nunca lo olvidé. La tempestad se la llevó muy lejos, tan lejos que perdí su pista, me desorienté y no encontraba el norte.
Deambulé por los senderos del destino, no volé porque lo había olvidado. Por olvidar, casi olvidé a mi paloma mensajera.
Y un día apareció tan repentinamente como se fugó y trajo consigo a alguien que jamás olvidaré. Fue un torbellino. Estaba herida, no podía volar, alguien le rompió las alas. Y juntos aprendimos a volar. Y volar y volar. Desde arriba todo se ve más pequeño, más insignificante. Volar es soñar despierto.
Pero un día llegó la tormenta (o fue la llovizna la que nos fue separando poco a poco?) y se fue, llevándose mi norte con ella.
Y ahora, de vez en cuando, la veo volando por los tejados, la veo a lo lejos y ella me mira como queriendo decir: no me olvides.
Y no te olvidaré, mi paloma mensajera.
Hoy he hablado con ella, emprende un viaje en breve. Una nueva etapa de su vida, lejos del sangriento cazador, lejos de la urbe asesina, lejos de los malos humos... y lejos de mí.
Sólo te puedo decir una cosa compañera: vuela arriba, vuela alto y hasta siempre.
[Si leyeras esto sabrías que hablo de ti, pero dudo que alguna vez lo leas]
... y la canción que estoy escuchando...





