Marzo 15, 2003
Imagina
Imagina que el mundo se detuviera, que el tiempo dejara de fluir... menos para ti. Observar un instante (infinito) en toda su plenitud.
Imagina una sonrisa congelada para siempre, unos ojos traviesos en mitad de una pícara mirada. Dos enamorados congelados en un beso, para siempre. Un orador subido en un cajón en cualquier parque de Londres, congelado en mitad de su discurso. Un partido paralizado en el descuento, miles de personas en mitad de un grito de ánimo.
Imagina las balas detenidas en mitad de una batalla. Podrías leer un mombre en cada una de ellas y saber a quién van dirigidas, podrías borrarlos todos y convertirlas en balas perdidas. Misiles detenidos en pleno vuelo. Qué fácil sería cogerlos y dejarlos suavemente en un lecho de hojas secas.
Una mujer paralizada en mitad de un parto, llena de ilusiones y esperanzas. Un primer llanto congelado, una primeda inspiración. Una nueva vida.
Un entierro perpétuo. Llantos congelados para siempre, una vida que se extinguió. Una rosa detenida en mitad de su vuelo. Un rayo de sol que se refleja para siempre en la inscripción del sepulcro: Perdonen que no me levante.
Unos amantes congelados en una colina desde donde se ven las estrellas. Un niño cogido de la mano de su padre mientras le mira con esa chispa en los ojos, a punto de preguntarle algo que su padre no podrá responder.
Un primer beso que no acabará nunca. La ilusión representada en una mirada. Ojos entreabiertos, dos labios juntándose. A punto de generar una descarga inolvidable, dos corazones preparados para latir como nunca lo han hecho. Dos memorias listas para guardar donde no se pierda tan singular recuerdo. Una fiesta de los sentidos a punto de comenzar.
Una ciudad detenida, con su bullicio, su strees, sus miserias y sus grandezas. Qué fácil sería meter todos esos humos en una cajita y enterrarla para siempre.
Un robo detenido en el tiempo, el ladrón con una mueca de agresividad, la víctima rebosando miedo. Qué fácil sería cambiar la pistola por una flor.
Un discurso de un presidente en el congreso de los diputados, un bigote en suspensión para siempre. Qué fácil sería colgarle una chapita en la solapa del traje que dijera: No a la guerra.
Un marino mirando impotente al mar donde vivió su vida, donde creció, donde aprendió a navegar, un mar que le dio el sustento para los suyos, un mar negro. Melancolía y furia a la vez, un puño apretado, un músculo en tensión infinita. Una mirada vidriosa y en sus labios unas palabras: Nunca Mais.
Una tribu en mitad del amazonas, repitiendo un instante que podían haber vivido hace cientos de años, viviendo su vida. Y, a cien metros, el malvado hombre con sus máquinas dispuesto a deforrestar media selva. Qué fácil sería poner coches de juguete en lugar de aquellos monstruos de metal.
Un estudiante en mitad de un examen. El sudor corriendo infinitamente por sus mejillas, la tensión asaltando para siempre su pobre cabeza, la duda que no cesa. Qué fácil sería dejarle una pequeña ayuda.
Un violador apunto de cometer su crimen. Una mujer muerta de miedo, un hombre en el que ya no cabe ningún buen sentimiento. Cómo disfrutaría poniendo una pistola en la mano de la víctima, cambiamdo el arma del violador por una brizna de hierba.
La luna suspendida, lanzando sus rayos por siempre sobre la tierra. Y las estrellas detenidas en su peculiar código, mandando siempre el mismo mensaje. Alargar la noche para siempre.
Un niño de cualquier país pobre del mundo, suspendido en un llanto imperecedero. Sin nada que comer. Sin nada que hacer, muriendo lentamente. Qué fácil sería equilibrar la balanza.
Una mujer a punto de suicidarse, mirándose en el espejo por última vez, a su corazón no le quedan más fuerzas, ya no puede llorar más, se le han agotado las lágrimas. Cambiar el cuchillo por una carta, decirle lo mucho que vale, que no se dé por vencida, que vendrán tiempos mejores, decirle que no se rinda.
Un mundo detenido para siempre, neutral por un momento y sin que sirva de precedente. Un mundo mejor.
Nunca pierdas la capacidad de imaginar.
Metafísica





