Marzo 19, 2003
El día P
Las vacaciones se van acabando, ya veo cerca la vuelta a la rutina. Ayer debería haber ido a cobrar el finiquito. Como chico precabido vale por dos, decidí llamar antes. Me dijeron que no me lo podían dar, que el director financiero sólo estaba por las mañanas y que no me podía firmar el talón...
[hay que joderse]
Así que cambié el plan de vuelo y bajando a velocidad de crucero me dirigí a mi nuevo trabajo: tenía que entregar unos papeles.
A la salida quedé con dos amigos en el Vips de Alcalá. Llegué un poco antes de la hora (hecho poco frecuente) y me tocó esperar dos horas. No sé por qué me gusta el Vips, más de una vez me lo he planteado. Precios abusivos y comida de no muy buena calidad.
[aros de cebolla 3,60]
Además, no te hacen ni caso, los camareros están entrenados para ignorarte. Al pagar mi amiga le dio un cheque-vips (vale seis euros de lunes a jueves hasta las ocho y tres el resto de días) y le dijo:
¬ Si hoy, que es víspera de festivo, vale tres euros no me lo pases.
¬ Vale.
[como el que asiente a un tonto]
Al rato llega otro camarero con una sonrisa y la tarjeta de crédito. Efectivamente, hoy valía tres euros y nos lo han cobrado. Te preguntas qué has hecho mal y te viene a la mente una escena de "The Holy Grail" de los geniales Monty Python en la que dos guardias no se ponen de acuerdo. Es surrealista.
Otro bar y cena en La finca de Susana, restaurante bueno, bonito y barato. Cuando tienes ganas de marcha, cuando crees que va a empezar la noche, los planes se rompen antes de ser planeados. Nos vamos a casa.
El primer rayo de luz del día te da de lleno en los ojos... pero no es suficiente para despertarte. Harán falta muchos rayos durante unas cuantas horas para lograr que abras los ojos. Son las dos de la tarde.
Escuchas la voz de tu madre que dice:
¬ Ha venido el tío.
Un hermano de mi padre. Siempre me gustó, de pequeño, escuchar la voz de mi tio, era un buen signo. Mi tío, un hombre que lleva toda su vida dando tumbos, que no acaba de establecerse. Que tiene cincuenta y tantos y conserva aún la mentalidad de una persona de veinte años, una sonrisa cálida. Siempre nos traía algo, siempre nos contaba que ahora estaba con una mujer, que era la definitiva...
[cuantas han sido?]
... pero sabíamos que volvería a decirnos lo mismo unos meses después. Él ha vivido mucho y muy intensamente. Muchas anécdotas y muchas risas.
¬ Fijaos qué recta es esta mujer que me ha enderezado hasta a mí!.
[a ver si esta es la definitiva]
Disfrutemos de este día del padre.
Citas anuales





