Marzo 23, 2003
Escapada
Si algún adjetivo define el pueblo, ese es remoto. Alguien diría quizá que es el eslavón perdido de la evolución... Tiempo para la reflexión, el descanso del guerrero. Hacer nada o hacerlo todo, cuando cada instante es muy parecido al anterior.
A veces me daba la impresión de que el tiempo se había detenido, fluyendo lentamente por el canal del destino.
Llegamos al autobús con el tiempo justo, un minuto más y no lo habríamos cogido...
[viviendo al límite]
Nuestras maletas las llevamos con nosotros, los problemas se quedaron en la estación. Nos dijeron adiós con la mano. Aunque la rutina se empeñaba en perseguirme el autobús fue más rápido que ella.
[hasta pronto infelices]
Los kilómetros se alargaban hasta el infinito. Las líneas de la carretera parecían no tener fin. Y mientras que en Irak volaban los misiles nosotros veíamos Top Gun por gentileza de la compañía de autobuses...
[ironías del destino?]
Empiezas a pensar que todo es una gran red y que una mano la maneja como una marioneta. Fue de muy mal gusto elegir esa película en este momento. Y, para arreglarlo todo, el conductor encendió la calefacción y aquel autobús comenzó a parecerse al infierno por momentos. Siempre he odiado la calefacción de los autobuses, ese olor a recauchutado y ese calor pegajoso... fue horrible.
Y en el pueblo nos recibieron las estrellas. Es impresionante mirar al cielo y ver ese espectáculo, retroceder en el tiempo. Mil años, dos mil, diez mil, dos millones y nada en ese cielo ha cambiado.
Muchas conversaciones mezcladas con un poco de whisky. Mucho tabaco y más palabras. Hacerte un psicoanálisis contínuo y olvidar por un fin de semana la gran ciudad. Muchas son las cosas que pensamos, demasiadas las conclusiones a las que llegamos.
Hablamos del pasado, del presente y del incierto futuro, envueltos en una neblina constante...
[fumamos demasiado]
Y muchas horas de conversación se las dedicamos a nuestras respectivas ex. Analizamos los problemas, los errores de unos y de otros y comprendimos un poco más a las mujeres.
[nunca lo suficiente]
Pasamos frío, mucho frío. Las estufas que teníamos no daban más de sí. Estábamos en un microclima: en casa hacía más frío que en la calle, curioso pero cierto.
En el viaje de vuelta jugamos otra vez con el tiempo y llegamos a la estación tarde. Tuvimos suerte de coger el autobús. Además, no quedaban dos asientos juntos. No hay nada peor que un mal compañero de viaje, como el que me tocó a mí. Uno de esos que se creen que los dos asientos son suyos. La primera media hora guardas las formas y viajas encogido. Al final acabas cansándote y empiezas a comerle el terreno. Un codo por aquí, un poco de fuerza en la rodilla...
[guerra de guerrillas]
El te mira lleno de odio...
Tú le fulminas con la mirada...
Y al final acaba cediendo y te recreas un poco con tu pequeña victoria. Y entonces comienza la película. Es divertido ver una película con el discman sonando a todo volumen. Inventas el argumento e imaginas los diálogos. Convertír una película pésima en una divertida comedia.
Y en Madrid nadie va a buscarte. Cargas con las maletas y ves, seguiéndote de cerca, a todos tus problemas. La rutina te sonríe y te dice:
¬ Te veré mañana...
[hasta mañana pues...]
Yo, me, mí, conmigo





