Marzo 24, 2003
Baile binario
Esta mañana, a las siete en punto, los despertadores (los móviles con vibrador) daban brincos de alegría sobre la mesa. Parecían decirme "Buenos Días"...
... pero decían:
¬ No te duermas cacho perro...
Abres los ojos y en un acto mecánico vas desactivando una a una todas las alarmas. Como un ritual. Te giras y ves que la rutina te sonríe, con su pose chulesca en el marco de la puerta.
¬ ¿Qué va a desayunar? Lo de S I E M P R E?
La apartas de un manotazo y te diriges a la ducha.
Agua caliente...
[tiemblas]
... ¿he dicho caliente? ...
Y llegas al trabajo pronto, con una idea fija de lo que vas a hacer, pero el destino te soprende. Te mandan a un cliente con tu compañero, primera batalla recién alistado. Estás recuperando poco a poco la ilusión. Ves el camino despejado, un camino que seguirás ciégamente, un camino que te puede llevar a una buena posición. Además, disfrutas de tu trabajo.
Es curioso, pero todas las personas que han salido de mi antigua empresa (a la mayoría las han echado) han encontrado un trabajo mejor.
El compañero con el que he trabajado me ha estado contando sus desventuras con su antigua novia. No sé que pasa ultimamente que muchos amigos o conocidos tienen problemas con sus parejas, debe ser que soy un poco gafe. Le preguntaré a Aramís Fuster que de esto sabe mucho...
Estas alegrías que te da la vida son más pequeñas cuando no tienes con quién compartirlas. Es en ese momento cuando te asalta la melancolía (amiga íntima de la rutina) para recordarte que un éxito no sabe igual cuando lo saboreas sólo... Siempre he pensado que la vida es cíclica, que a las malas rachas les siguen las buenas que, a su vez, preceden a otras malas. Y yo sigo esperando en las estación a que pase el tren de la felicidad porque, esta vez, no lo perderé.
Como rectificar es de sabios, debo hacerlo felicitando a Almodóvar por su segundo Oscar y, de paso, me trago las palabras que dije anteriormente.
Infiernos laborales





