Marzo 26, 2003

La corchea de la vida

Siempre he pensado que cada momento de la vida se puede asociar a una canción. Mi memoria está enlazada con las melodías de mi vida. No conservo apenas recuerdos de mis primeros años de vida, quizá algún fragmento, algún matiz, pero poco más. Pero si en el momento en el que llegué a este mundo sonaba una canción, esa era Born to be wild.
Mi infancia no la rigió una partitura. Transcurrió tranquila, sin sobresaltos. Una infancia normal y anónima, una transición hacia el maravilloso mundo de la edad del pavo. Las canciones que escuchaba eran aquellas con las que las monjas (aquellas que crearon a este pobre diablo) me martirizaron. Aquél mítico padre nuestro (que no pienso escribir en mayúsculas), el himno del colegio... en fin, esas repelentes canciones de capilla. He llegado a pensar, con los años, que todo aquello que intentaron meterme a presión ha conseguido el efecto contrario.
Y cuando llegó la adolescencia yo la recibí con los brazos abiertos. Libertad, divino tesoro. Fueron años de rock, fueron tiempos de Highway to Hell. Nos revelamos contra todo aquello que nos quisieron imponer, intentamos cambiar muchas cosas, nos enganchamos en los vicios sólo por parecer mayores (y ahora queremos volver a ser pequeños), avanzamos a pasos agigantados hacia la madurez sin saber que algún día desearíamos todo lo contrario. Nos quejamos de nuestras familias, de los padres que a nosotros nos parecían dictadores. Nos reimos de las charlas de sexo que nos daban las pobres monjitas (que de eso no sabían nada), fuimos crueles con nuestros semejantes. Quisimos ser líderes de algo que no existía, tener poder en un grupo que, de por sí, no pintaba nada en el mundo. Vivimos los primeros amores platónicos que nunca olvidaremos, nuestros primeros besos. Intentamos vivir la noche durante la tarde, nos revelamos por el toque de queda que nos impusieron nuestros padres, nos dimos a la bebida como una liberación, fumamos nuestro primer porro como transgresión. Vivimos intensamente aquellos años. Y al recordar esta etapa mis neuronas entonan el mítico Smells Like Teen Spirits.
Crecimos...
...y entonces nuestra virginidad se esfumó sin decir adiós. La echamos. Las monjitas (las pobres e hipócritas monjitas) se cansaron divagar sobre el sexo, de lobotomizarnos con el miedo a la justicia divina. Mi virginidad se despidió de ellas con una sonrisa. Nos quedamos con aquella mirada, suspendimos el momento en el infinito, y desamos que la siguiente vez fuera mejor... Y, de paso, matamos a la cigüeña todopoderosa que traía a los bebés con un pan debajo del brazo. Las notas de Satisfaction retumban aún en mi cabeza.
Antes o después (los que tuvimos suerte) conocimos el amor. Intentamos explicar que se siente al estar realmente enamorado, pero no supimos. Acaparamos todas sus miradas, guardamos un pedacito de sus labios y soñamos. Nos cambió la cara, nos cambió la voz, nos adaptamos. Nos sonrojamos, reímos como nunca y deseamos poder volar. Nos sentimos vivos. Cantamos Alive.
Tarde o temprano llegó el desengaño. Sueños rotos en mil pedazos, espejos astillados por la cruda realidad, aquella nube negra que nos seguía a todas partes. Experimentamos la incomprensión, nos marchitamos lentamente. Sufrimos imsomnio, perdimos la sonrisa e imaginamos que no nos podría pasar nada peor. Sonó el triste lamento de Last Kiss. Y después vino la rabia, las ganas de pelearnos con el mundo, de dejar las cosas claras. Decidimos luchar y nos sentimos heridos, nos habían hecho demasiado daño. Desgarramos nuestras cuerdas vocales con Mudshovel.
Estudiamos, trabajamos, entramos por la puerta pequeña en el mundo. Planeamos una vida que nunca viviríamos, reimos histericamente con nuestro primer e ínfimo sueldo, y tarareamos If i were a rich man.
Seguimos nuestros principios, nos encaprichamos con nuestros ideales. Luchamos por lo que siempre quisimos y nunca nos quisieron dar. Hicimos oir nuestra voz, dijimos las cosas como las pensábamos. Y nos manifestamos. Recorrimos las calles con pancartas, nuestros recuerdos con una linterna y nuestro futuro con unos prismáticos. Nos unimos, reivindicamos, pensamos como uno sólo y dijimos basta. No nos escucharon, nos dimos cuenta de que no pintábamos nada, nos desilusionamos. Volvimos a casa cabizbajos. Despertamos y seguimos gritando, intentamos detener los misiles con nuestras voces, pero pesaban demasiado. Intentamos quitar una absurda ley de desenseñanza pero no nos dejaron. Quisimos quitar el fuel con nuestras manos, pero apenas nos lo permitieron. Quisimos correr la cortina, ver que había detrás de todo aquello, pero se rieron de nosotros. Nunca nos alejamos de lo que buscábamos, nunca dejamos la senda. El ruido de la batalla no silenció nuestras voces cuando cantábamos Sunday Bloody Sunday.
Seguiremos luchando.
[siempre]

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Metafísica
by milio el día Marzo 26, 2003 10:04 PM