Abril 01, 2003

Blanco Humano

Nunca llegaría a acostrumbrarse a la maldita arena. No entiende de rangos, no entiende de uniformes, símplemente campa a sus anchas.
La gorra bien calada, el uniforme sin una arruga, la ilusión intacta. Ilusión por vivir.
Aún no ha amanecido pero ya se puede adivinar el rumbo del sol tras las colinas, será un amanecer más. Aquí todos son iguales, la maldita arena lo cubre todo. Ha perdido la cuenta de los días que lleva atravesando el inhóspito desierto, no recuerda cuántas veces han mentido en su nombre, ni cuántas vidas habían segado para siempre. Recuerda la sonrisa de aquel niño comido por la sarna, aquel pequeño hombre que no perdía su sonrisa mientras le miraba desafiante. Moriría, si no de hambre por una bala perdida. Y si no, viviría para odiarle.
[¿que os hemos hecho?]
Y en su casa le espera su madre.
¬ Tranquila mamá, somos marines, llegaré a tiempo para tu cumpleaños.
Católica convencida, estaría rezando por él a estas horas. Su padre, veterano de la guerra de Vietnam estaría contando anécdotas en la barra de un bar y se enorgullecería de él.
[nunca la quisiste]
Su hermana, pacifista de nacimiento, le odiaría hasta la muerte, nunca le perdonaría colaborar en esta guerra. Pero estaba ella, su chica. Planes de futuro, los hijos que tendrían juntos, aquella loca escapada a Las Vegas cuando nunca se habían conocido... Hacía cinco años de todo aquello.
¬ No te alistes cariño, no lo hagas ahora, no soportaría perderte.
Y se alistó. Y ahora está en este desolado paraje, harto de hacer guardias y que no pase nada... Nunca pasa nada... Los días se confunden, las noches pasan despacio, el fusil pesa cada vez más y la nostalgia es una gran bola metálica encadenada a su cuello.
¬ Esta es mi última guerra. No estoy hecho para esto.
La bocina retumba en todo el perímetro y se empiezan a ver los primeros atisbos de actividad, por fin se acababa la maldita guardia.
Un ruido, un silvido que crece y crece, el estruendo de un motor.
¬ Alto!
Más ruido....
¬ Fuego!
Y las balas silbaron, gritaron cortando el aire, ansiosas de llegar a su objetivo. Golpearon, explotaron, agujerearon, pero no pudieron la convicción del piloto. Los últimos segundos fueron eternos, tanto que pensó que se salvaría. Pero una explosión se lo llevó todo.
¬ Adios.
[su último pensamiento]

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Abril 1, 2003 11:02 PM