Abril 06, 2003
Amenápolis
Ayer cerré los ojos a las seis. No tuve que hacer esfuerzos para dormirme, símplemente entré en el mundo de los sueños como el que cae por un pozo. Me encanta dar vueltas en la cama sabiendo que al día siguiente no tendré que madrugar. Abrir los ojos pronto y pensar que puedes dormir unas horas más, burlarte del despertador que te mira resignado desde la mesa y decirle:
¬ No me esperes despierto.
A las doce recibo una llamada. Mi madre me pasa el teléfono como el que pasa una patata caliente: quema.
¬ Buenos días, le llamamos del departamento comercial de Amena.
[un domingo a las doce?]
Gruño un poco y emito una serie de sonidos guturales con el fin de auyentarla, pero es imposible, sigue ahí.
¬ Le llamamos para confirmar sus facturas y decirle que hasta la fecha ha gastado usted ochenta y nueve euros.
¬ Sí.
[que vas a decir si no?]
¬ Y queríamos saber si esto va a ser una situación normal o no. Ya que a este ritmo usted gastará doscientos euros en este mes.
[!?]
Vuelves a la realidad de una patada y piensas que no es nada normal gastar doscientos euros en la factura del móvil. Tú, que estabas acostumbrado a las tarjetas prepago, que no gastabas ni un duro. Hay que recortar gastos.
¬ Sí, es algo excepcional.
[en todos los sentidos]
¬ Perfecto, era sólo por consultarlo.
Y se despide. Y yo me quedo pensando en el motivo de esa llamada. Me parece que ha sido para asegurarse de que soy solvente y puedo pagar la factura. Cierro los ojos y vuelvo al territorio de los sueños, donde puedo hablar con el móvil (también literalmente) sin que nadie me cobre nada, dónde puedo hacer que sea viernes en lugar de lunes, dónde puedo volar a cualquier lugar del mundo sólo con imaginarlo.
Technology victim





