Abril 08, 2003
Nuevos amigos
Hoy era día de estreno. Al despertar he sacado de su caja los relucientes zapatos que me compré ayer (esos que no me hubiera comprado si no tuviera que llevar traje y corbata al trabajo). Al salir una sonrisa:
¬ Nos vamos a llevar bien.
¬ Eso espero.
Te los calzas y, al principio, todo parece ir bien. Los zapatos se adaptan a tu pie y tú te adaptas a ellos. Simbiosis, la relación perfecta...
[pobre iluso]
Poco a poco comienzar a rozarte, lo notas. Sabes que va a ser un día infernal. Andas despacito, como un viejecito, teniendo cuidado de dónde pisas. Un paso, dos pasos, tres pasos... bien, sabes andar.
Llegas al trabajo y la mañana comienza ajetreada, aunque promete una grata sorpresa. A media mañana te la presentan. Está radiante, tan blanquita, tan perfecta, tan acabada: tu tarjeta.
¬ Hola!, soy tu nueva tarjeta.
¬ Hala!
¬ Con la que podrás vacilar delante de tus amigos, la que darás a todos tus conocidos, la que endosarás a toda tu familia. Además, podrás hacer eso que ves siempre en las películas y que ves hacer a tus jefes: dar tu tarjeta a un cliente.
La vida de una persona está marcada por dos sucesos significativos. Uno es el día que puedes decirle a alguien: habla con mi abogado. Y la otra, cuando le dices: toma mi tarjeta. Y yo ya he pasado por eso, estoy preparado para la vida moderna.
[tremenda estupidez]
Así que seguiré arrancando días del calendario mientras reflexiono sobre cuestiones tan estúpidas como esta. ¿Cómo sería la vida sin estas pequeñas cosas?
[aburrida]
Yo, me, mí, conmigo





