Abril 15, 2003
El Sol
Cuando he salido de casa aún dormía el sol. Hoy me tocaba viaje de negocios curro a Valencia. El móvil y sus incansables alarmas han sonado puntuales a las cinco y media. Hacía años que no me despertaba tan pronto. Abres los ojos y casi te mareas. Si tuvieras que hablar con alguien no podrías, tus cuerdas vocales están aún pegadas.
[sonidos guturales]
Coges el teléfono y marcas el número de Radio Taxi.
¬ Independiente buenos días?
Independiente? Desde cuándo son independientes? Mueves la cabeza en una negación demasiado torpe.
¬ Quería un taxi para las seis y media...
Sabrá llegar el taxista?
Poco a poco vas saliendo del letargo en el que te encuentras sumido. Lentamente, siguiendo alguna extraña (y ridícula) coreografía vas preparándote. Una ducha, un café mal hecho, una galleta integral que sabe a rayos y que absorve medio café...
[como la ballerina]
Son las seis y veinticinco y ya está llamando el taxista. Quizá no te hayan entendido bien cuando has dicho que a las seis y media. Menos mal que paga la empresa.
Y del taxi al coche. Y en el coche trescientos kilómetros.
La mañana pasa y, enfundado en tu traje estilo mafioso, degustas un maravilloso kebap...
[comida de empresa?]
... y vuelves al tajo.
La carretera es perfecta para pensar en lo que quieres echar de tu mente. Ves el atardecer, disfrutas del campo y deseas llegar cuanto antes a la ciudad. Las líneas, a veces contínuas, a veces discontínuas, parecen decir algo. Es como tu vida. Cuando te encuentras agusto en una línea contínua, cuando todo parece estabilizado, llega la maldita discontinuidad. Algo se rompe, algo deja de existir, muchas cosas cambian. Y, durante un tiempo, se suceden las discontinuidades. Empezar algo para no acabarlo. Tiempos de vacío o de vivir intensamente. Piensas y piensas. Tres horas de psicoanálisis no le vienen bien a nadie.
Y mientras tú piensas en cómo el destino juega contigo siempre que quiere, en que las cosas nunca son lo que parecen y que, aunque lo sean, siempre desconfiaremos de ellas. Y mientras tú reflexionas el sol se esconde, lenta pero inexorablemente. No te esperará despierto, no hoy.
Mañana te buscaré.
[no te escondas]
Infiernos laborales





