Abril 17, 2003
La Caja de Pandora
Ayer estuve cenando en casa de un amigo. Comida rápida cocinada con mucho cariño y unas patatas con una salsa (brava?) de sabor indescriptible. Un placer para los sentidos.
Inmersos en conversaciones y risas, narrando historias y alguna que otra estupidez. Dejando que la televisión nos hiciera compañía sin prestarle la más mínima atención...
[narradores de sueños]
En un momento indeterminado de la noche llamé a un antiguo compañero de trabajo con el que hacía tiempo que no hablaba.
¬ Estoy en Alemania!
Sudores fríos inundaron mi frente, pensando que tenía que pagar una llamada a Alemania, me harán cliente preferente de Amena.
¬ Tranquilo, tú sólo pagas hasta los pirineos...
[lectura de pensamientos]
Me cuenta que seguramente se encuentre con un despido improcedente a su vuelta de vacaciones. El director general (niño con apariencia de hombre, caprichoso compulsivo, la soberbia personificada, el más tonto de los mortales) vuelve a las andadas. No parará hasta que no acabe con todos.
Me cuenta los motivos y me sorprenden tanto o más que los que me impulsaron a mí a buscar otro trabajo. Negarse a ir a un cliente a dos horas y media de su casa. Si toda España protestó por el famoso decretazo y los cincuenta kilómetros, por esto montarían una revolución.
Una jugada maestra del director, forzar la máquina y buscar una excusa para justificar un nuevo despido.
[Abriendo la caja de Pandora]
La Semana Santa nunca me ha entusiasmado. Cuando era pequeño la esperaba ansiosamente porque significaba viajar al pueblo (a dónde si no?) y ver a todos mis amigos. Pero ahora lo único que deseo es que me dejen sólo en casa.
[imposible]
Hoy tengo otra cena (y no es de negocios) en una casa. Me encantan las cenas entre amigos, las tertulias, las bromas, las palabras. Esas cosas que luego, con el paso del tiempo, se recuerdan con nostalgia. Escribiré un poco más en mis recuerdos.
Y mientras tanto, dejaré que mi peluche cuide bien de que nadie abra mi caja de pandora.
Yo, me, mí, conmigo





