Mayo 05, 2003

La rebelión de las máquinas

Me considero un ser tecnófilo. Aficionado a todo tipo de pijadas, cuantos más indicadores luminosos mejor. ¿Que tiene pantalla LCD? ¡Me lo quedo!. ¿Qué puedo sincronizarlo con la hora de ciento cuarenta y siete países? Deme kilo y medio. ¿Sonidos polifónicos? Dios mío, como no te he encontrado antes... ¿Un reloj analógico con impresora bluetooth? A partir de ahora lo necesito. Ya sé dónde va a parar el dinero que cae por el agujero de mi cuenta bancaria...
[cosas innecesarias]
Soy un especialista en crear necesidades que antes no existían y, alrededor de ellas, imaginar un enjambre de chismes que orbitan como satélites alrededor del problema inexistente.
¬ ¿Qué es esto que te has comprado?
¬ Sirve para medir las probabilidades del efecto mariposa, salió ayer. Y lo estás cogiendo al revés, ceporro.
Pertenezco a la quizá nunca denominada generación tecnológica y pienso que deberían canonizar al inventor de las pilas recargables.
Sin embargo y, aunque parezca extraño, odio hablar con los contestadores automáticos...
[la oveja negra de la familia]
Me parece tan impersonal transmitir un mensaje a una máquina... Y, además, siempre me quedo sin palabras o digo algo esperando una contestación (que ni mi propio eco se digna a responder).
Recuerdo un día, hace unos años, que me pasó una anécdota muy graciosa.
Era un verano de esos que derriten el asfalto convirtiendo la ciudad en una ciénaga. De esos en los que los días se hacen insoportables y las noches deliciosamente interminables. Vivir de noche para tener sueño por el día. Había visto un anuncio en el periódico y piqué. Acabé vendiendo artículos de psicología escritos en un lenguaje fácilmente comprensible, amenos a la par que educativos, vamos, un infierno. Una de esas empresas que te engañan contratándote cuatro días y pagándote uno. Trabajar en julio bajo un sol abrasador, en un autobús de la guerra civil o pateando las calles a la búsqueda de mujeres mayores de cuarenta años (exigencias del empleo) a las que engañar. Nos acababan de echar a ocho a la vez y yo estaba muy enfadado. Llamé a un amigo...
[en qué momento se me ocurrió]
¬ Hola. Está usted hablando con el contestador automático del 91..., en este momento no estamos en casa pero puede dejar su mensaje después de escuchar la señal acústica.... PIIII!
[señal acústica?]
¬ Dani, soy Emilio. Me acaban de echar del trabajo, nos han engañado a todos. Cuando leas esto llámame. Ah, y dile a tu viejo que cambie el mensaje del contestador que es una mierda.
El padre de mi amigo estaba de vacaciones, pero me acordé justo al colgar de que volvía ese mismo día. Recuperé la cordura y empecé a sufrir el miedo escénico. ¿Y si lo escucha él antes que lo borre mi amigo?
[¿por qué no has sido un poco más imbécil?]
Llamé a mi amigo al móvil (era de las pocas personas que tenía móvil en España, un móvil que casi necesitaba ruedas) pero lo tenía apagado...
[horror]
¿Y qué pasó? Pues como no podía ser de otra forma siguiendo la tónica de mi vida, su padre escuchó el mensaje antes de que mi amigo lo pudiera borrar. Y yo quedé como un impresentable...
[no muy lejos de la realidad...]
... casi nombrado persona non grata en su casa.
¿Moraleja? Si bebes no conduzcas y si estás enfadado nunca hables con un contestador automático, los carga el diablo.

Clasificado en:
Technology victim
by milio el día Mayo 5, 2003 11:49 PM