Mayo 08, 2003

Apostando con el diablo

No suelo hacer apuestas, hasta que quiero obligarme a hacer algo o hasta que quiero demostrar que soy capaz de hacer (o no hacer) una cosa.
Darwin no pudo tener más razón cuando postuló la teoría de la Evolución de las especias especies, pues mi lengua ha evolucionado hasta conseguir casi su autonomía. Puedo hablar a la vez que escucho otra conversación, en eso soy realmente multitarea. Quizá a veces hable demasiado pero, por suerte para mis sufrid@s amig@s, sé cuando callar.
[disfrutar del silencio]
Esto no lo tuvieron en cuenta mis antiguos compañeros de trabajo...
¬ No serías capaz de estar una mañana sin hablar...
Y me embarqué en una apuesta que es difícil en condiciones normales y, para mí, casi imposible. Pero no contaban con mi ingenio en situaciones estúpidas (marca Acme). Hice carteles variados ("Sí", "No", "Mándame un mail") para contestar sin palabras, mandé mensajitos por la red... Todo iba bien hasta que decidieron tomar un café... ¿Cómo pides un café sin hablar? Fácil, lo escribes en el móvil ("un café con leche por favor") y se lo enseñas a la camarera.
[la misma que te toma por loco o un estúpido]
Y gané, estuve ocho horas sin hablar. Pero como el destino siempre tiene la última palabra, quiso darme una lección haciéndome perder otra apuesta.
Fumo mucho, quizá demasiado. Me he propuesto muchas veces dejarlo (en domingos de resaca y dolor de alma) y alguna vez lo he intentado, pero entonces aparece un gigante con forma de cigarrillo (rubio y americano, para más inri) que me persuade:
¬ No me dejes, no podría vivir sin ti. Soy tu compañero, al que siempre acudes después de (lo que sea), el que te acompaña en los momentos de tensión, el que nunca se separa de tu copa, el que siempre pide el café por ti... ¿Cómo me vas a dejar?
¬ Es verdad, perdóname amigo. No volverá a pasar.
Así que una vez, aprovechando que lo iban a dejar varios amigos y mi exnovia, decidí apuntarme y apostar para reforzar mi posición.
¬ Dos cenas en el Hard Rock Café...
[maldita la hora]
Pero el enemigo era poderoso y las bajas se empezaron a registrar desde el primer día. Hubo mutilaciones de orgullo, agujeros de bala en alguna promesa y rendiciones masivas... Y me quedé sólo.
¬ Fúmame... nadie se enterará jamás.
¬ No, ni hablar.
¬ Sólo una calada de despedida...
¬ No me calientes que muerdo.
¬ Enciéndeme con tu llama. Te llenaré con mi nicotina.
[mi perdición]
Volví a fumar. Al principio piensas si mantenerlo en secreto o no, entonces decides mantenerlo en secreto mientras te lo piensas...
[un bucle sin fin]
Y al final te pueden los principios...
[y la vergüenza]
...los ideales...
[y la conciencia]
... y la evidencia.
[el resto del mundo no es gilipollas como tú piensas]
Y lo confiesas...
[cuando casi te descubren]
Lo peor de contar esto es que mis amigos, a los que aún no he pagado la cena, se acordarán de lo que les debo.
Y ya sabéis niños, no hagáis esto en casa.

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Yo, me, mí, conmigo
by milio el día Mayo 8, 2003 11:29 PM