Mayo 23, 2003
Duelo de titanes
En algún lugar de mi subconsciente:
En ninguna película del Oeste que se precie olvidarían sacar un arbusto rodando sobre la carretera, dando brincos como un niño feliz con su mejor juguete. Y ésta no iba a ser menos.
¬ Cuenta cincuenta pasos forastero, entonces llegarás al lugar donde vas a morir. Despídete de los tuyos por el camino, piensa en lo que has sido y lo que eres, en tus sueños y en tus frustaciones. Evalúa todo lo que has conseguido en esta vida y, quizá, laméntate de no haber hecho todas esas cosas que se quedaron en el tintero de tus ambiciones.
¬ Hola, soy Íñigo Montoya, tú mataste a mi padre, prepárate a morir.
[siempre he querido interpretar esa escena]
Espalda contra espalda, comenzando el ritual que traería la muerte uno de nosotros, la destrucción total de la figura que alguno de los dos representamos. Tú, mi mayor fantasta. Yo, un ser lleno de ilusiones.
Lentamente caminamos, contando cada paso como si nos fuera la vida en ello. No me giré, no sé si tú lo hiciste. Mi corazón latía con fuerza, es uno de tus trucos. Mi mente bloqueada por el más ferreo mecanismo de defensa, esta vez no vencerías.
Cincuenta pasos, media vuelta. Te miro a los ojos y, aunque no soy capaz de distinguirlos, sé lo que sientes. Tienes miedo. Miedo de, por primera vez en tu vida, quedar desterrado. Miedo a la derrota, miedo a la muerte. Quiero alejarte para siempre. O tú o yo, no podemos vivir los dos en la misma mente.
Los músculos en tensión, el revolver cargado. Las manos luchando por lanzarse desesperadamente hacia la culata, deseando acabar con esto de una vez. Pero no podía ser el primero en ceder, te concedería ese dudoso honor.
Sombreros que ocultan miradas, máscaras que esconden expresiones. Polvo que desvía la mirada, ruidos que tapan otros ruidos. La nada invadiéndolo todo. ¿Cuánto tiempo estuvimos así? Yo diría que un par de siglos.
Y por fín atacó. El cañón se quejó, no podía contener tantas emociones. Su metal se iba fundiendo con el paso del proyectil. Un último disparo cargado de sonrisas, besos en un atardecer cualquiera, miradas a la luz de una luna que nos hizo insignificantes, esas palabras al oído que retumbaron en mi mente durante siglos. Y en la punta: tu sonrisa.
Ese bala me habría matado en cualquier otra circunstancia. Habría provocado tal torrente de sentimientos, tal cantidad de recuerdos, que me hubiera vuelto loco, sólo serviría para ilustrar una carta del tarot.
[el loco]
Pero hoy no. Aquellos cien años de soledad me habían llenado de fuerza. Había comprendido por fin dónde debía meter todos esos recuerdos que me martirizaban: en una urna de cristal ocupando un lugar privilegiado. ¿Por qué esconderlos? ¿Para qué avergonzarme de los mejores momentos de mi corta vida? No, no debía esconderlos, debían estar en la sala de exposiciones que no es más que antesala del salón dorado. Allí dónde una vez entraste y donde siempre estarás. El puzzle cósmico por fin estaba formado, la gran incógnita estaba despejada, la ecuación de mis sentimientos resuelta para siempre.
Y esa fue tu perdición. Acogí la bala en mis entrañas y te la devolví amplificada. Multiplicada por mil, maximizada hasta el infinito, elevada a la máxima potencia y todo ello en un sumatorio infinito de todos los buenos recuerdos que habías generado.
[atravesé tú cráneo]
Cámara lenta como en una buena película. Blanco y negro, plano de rotación en el que tú eres el sol. Tu muerte en fotogramas. Y al caer, un ruido sordo.
¬ ¿Cómo? -es lo único que salió de tus labios.
¬ Nunca lo entenderías, eres demasiado obtuso. Esta es la suerte que correréis todos vosotros. Este es el destino de los perdedores.
[rest in peace]
La realidad tal y como nos la pintan:
Valencia. Me cuesta pronunciar esta infame palabra sin recordar. El final y el principio de una era. Buenos y malos recuerdos. La semana que nos mató, el lugar donde vivimos nuestros últimos días...
[juntos]
La realidad duele y yo me tenía que encontrar con ella hoy. He tenido miedo de que llegara este momento incluso antes de saber que se produciría. Miedo de una voz que adoré, miedo a una sonrisa que me llenó, miedo a una mirada que me enamoró. Miedo a no controlar mis sentimientos. No podía seguir temiéndote, tenía que enfrentarme a la realidad.
[existes]
Hoy nos íbamos a encontrar en Valencia, donde volaste huyendo del aire viciado de la capital, donde quisiste comenzar una nueva vida. El trabajo, la vida, la muerte, el mundo, todo era indiferente para mí hoy, todo giraba en torno a nuestro encuentro. Dos viejos amigos que tienen mucho que contarse. Había muchas cosas que superar, mucho dolor que desterrar. La marca que grabaste en mi espalda a fuego lento relucía hoy en la oscuridad. Controlaste el tiempo desde tu templo.
Apareciste con esa sonrisa, y congeniamos como congenian dos amigos de toda la vida. Recordamos un pasado común entre risas, horchatas y gofres. Una cena genial, un reencuentro con gente a la que aprecio. Una época de mi vida rememorada en un presente incierto. Dentro de mí la tempestad, un duelo contra el fantasma más poderoso de todos, aquel que representaba lo que fuiste para mí, aquel que me impide olvidar, aquel que se empeña en sazonar mi vida con tus imágenes.
Y vencí. El órdago soñado por todo jugador de mús, la apuesta por la que lucha todo jugador de póker con buena mano. La emoción del riesgo y la revancha de tanto resentimiento. El fantasma al que di la vida, mi Frankenstein particular, creado de tus retazos. Aquel que se empeñaba en no mirar al futuro. Una sombra en todas las noches, una nota en cada canción, un fotograma de cada película. Una parte de mí.
Y hoy, por fin, he reorganizado mis pensamientos, te he instalado en la habitación que te corresponde y he sonreído satisfecho.
¿Y me preguntas qué es amistad? Amistad eres tú.
Y el amor, ¿dónde se quedó? En letargo, convertido en una mera posibilidad pero siempre presente. Esperando por si algún día quieres abrir su caja con la llave que llevas colgada del cuello. Viviendo como una posibilidad (una deliciosa posibilidad) pero no como una obligación.
Hoy no dormiré sólo en la frialdad de este hotel, viajarás conmigo al país de los sueños. Una gran historia en la que se olvidaron colgar el cartel de "Continuará...".
Llevo 2 días enganchada a tu blog, al q llegué x casualidad desde otro blog.
Te quería dejar un mensaje de felicitación, me encanta como escribes y lo q escribes, y justo hoy me encuentro en este post la frase mítica de mi película favorita, así q aki queda mi comentario ;)
Weno, voy a seguir leyendo posts, q me queda + de un anyo (*) para ponerme al día!!
salu2
(*) Estoy en Alemania, donde los teclados no tienen enyes, inconcebible!! ;)
by: Lady Madonna el día Julio 1, 2004 03:23 PMLady Madonna: Es un honor que, habiendo millones de blogs, te hayas enganchado al mío, espero que no te desenganches con facilidad ;). Muchas gracias por el comentario ;).
Sigue leyendo porque aún te queda mucho, y vuelve siempre que quieras.
Salu2.
PD: con o sin acentos se te entiende perfectamente ;)
by: milio el día Julio 1, 2004 11:50 PM




