Mayo 30, 2003
The Village
Un mundo de piedra y madera. Calles tan antiguas que no queda hombre capaz de datarlas en sus recuerdos. Caras que armonizan con las piedras agrietadas. Los años pesan en el ambiente, intentando transmitir un sentimiento imperecedero. El caño de la fuente continúa con la tarea titánica de horadar la piedra, como lleva haciendo durante tantos años. Las calles, enrevesadas, dibujan el camino más largo entre dos puntos, suben y bajan, hacen giros imposibles, parecen tener vida propia.
Un gato mira confiado desde su atalaya, acostumbrado a lidiar con las mismas miradas, tanto que perdió la vergüenza.
Los rayos de sol dibujan pacientemente el paisaje, con su juego de luces y sombras. Enfocan lo que quieren mostrar. Son la única prueba de que el tiempo no se ha detenido.
[para siempre]
Un hombre sentado sobre la roca pulida que gobierna su puerta. Las manos apoyadas en su bastón, los brazos ligeramente flexionados, la barbilla descansando sobre sus manos. Aprovechando cada rayo de sol, parece una gárgola sentada en su trono. Sus ojos no ven la pared, sus ojos miran como lo harían todos sus antepasados, un torrente de experiencias, una inmensidad de recuerdos. Una expresión congelada, un rostro indescifrable.
La campana hace vibrar el aire con su sonido milenario, forzando al tiempo a sumarse uno.
El sonido rebota un millón de veces en las paredes de la iglesia, paredes que han visto enfrentarse a un país, que han visto el triunfo de unos y la persecución de otros. Paredes que sobrevivido a muchos y que temblaron bajo las bombas...
[hace mucho tiempo]
... que vieron nacer y morir a generaciones, que dieron sentido a los cánticos religiosos.
Un castillo en continuo asedio por un viendo que no entiende de historia, que siempre ha estado ahí. Recuerdo de tiempos gloriosos, recuerdo de otras épocas. Testigo de la evolución, del crecimiento, del olvido. Dando sombra a un cementerio donde se amontonan los restos de los que una vez aquí vivieron, velando por sus almas.
Una juventud hastiada, con miles de sueños en la cabeza y pocas expectativas de cumplirlos. Viviendo con la resignación que sus padres grabaron con fuego en las paredes de su casa, quemando sus ilusiones en la chimenea que construyó su abuelo.
Familias infinitas, fotos en blanco y negro de antepasados que no quisieron abandonar la casa. Una mirada seria que te dice:
¬ No olvides tus raíces.
Naturaleza relativa. Prisión para unos, refugio para otros.
[un templo centenario]
Metafísica





