Junio 16, 2003
Día tonto
Días hay de muchos tipos, pero los mejores son los días tontos. Aquellos en los que te ríes de todo y de todos, del mundo en general y de nada en particular. Nieve o haga sol, trabajes o descanses, duermas o despiertes. Da igual. Amigos, los días tontos son una bendición.
Por eso, cuando me he enterado que me iban a cambiar las vacaciones, me lo he tomado con filosofía. La risa es el mejor instrumento.
¬ ¿Cuándo tienes las vacaciones?
¬ Julio.
[mosca detrás de la oreja]
¬ ¿Has reservado algo?
[al grano]
¬ No.
[eres completamente estúpido]
Y ahí acaba la conversación. Y comienzan las maquinaciones. A partir de ese momento se abren las apuestas. Hay hasta quien apuesta su dinero a que no me van a dar vacaciones.
Das vueltas a las cosas, lo que está al derecho lo pones al revés, lo que estaba mal pasa a un estado incierto. Las variables son incógnitas y los números no significan nada.
La sonrisa imperecedera, sacas punta a todo. Despiadado en la conversación, aprovechando cualquier resquicio. ¿Por qué no reírse de un mundo que más de una vez se ha reído de ti?
[donde las dan las toman]
Sales del metro demasiado tarde, ni siquiera el Sol tuvo la delicadeza de esperarte, aunque sólo fuera para despedirse. En una mano el portátil (que debe ser de plomo) y en la otra el paquete de tabaco (quizá para equilibrar pesos). Tropiezas donde siempre, y pierdes el equilibrio. En sólo unas décimas de segundo consigues adelantar un pie, y luego otro, y después el primero... a una velocidad de vértigo. Precipitadamente y sin equilibrio consigues subir las escaleras, los zapatos (de suela dura, que suenan casi como unos de claquet) parecen tambores. La gente te mira como si fueras un jumbo a punto de realizar un aterrizaje forzoso. Pero, al final, remontas el vuelo.
Una chica te dice:
¬ Vaya, al final no te has caído.
Podría decir casi que en su voz había un matiz de resignación ante una anécdota perdida antes de culminarse. Hoy no podrá contar como un imbécil con corbata se ha roto los dientes en las escaleras del metro.
Y como hoy tengo el día tonto, me ha dado por leer gilipolleces. En serio, ¿alguien se cree qué ésto ha podido pasar en realidad? Debe ser una broma como lo del horóscopo (que, por cierto, afectó a mi signo).
Infiernos laborales





