Junio 26, 2003
Back to the start
Marisol decía que la vida es una tómbola. Para mí la vida es un un recorrido cíclico donde la línea del destino se pierde en infinitos bucles más o menos consecutivos. Etapas que se cierran, circunstancias que desaparecen para dar paso al comienzo de otro período. Y, todo esto, repetido hasta la saciedad, hasta el mismo día en que morimos.
[la condición de ruptura del bucle]
Si el lunes cerré la carpeta que contenía los apuntes sobre los tres últimos meses de mi vida, mañana tendré que comprar un nuevo archivador. Después de unas microvacaciones de dos días, vuelvo al trabajo en un sector que a veces me da la vida y otras tantas me la quita. Pero un día me casé con un bit y tuve que dar el sí. En lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad. Tengo muchas ganas de demostrarme cosas nuevas a mí mismo, seguir aprendiendo hasta el infinito y nunca estancarme en una posición.
Amig@s, me quiero comer el mundo.
[quién no?]
La corbata se quedará en el armario, dejándose vencer con gracia por la gravedad, descansando en su percha, esperando el momento de salir. La chaqueta cambiará el perchero de una funesta oficina por un lugar privilegiado en el fondo del armario, lejos de lenguas asesinas, apartada de conspiraciones ardientes. En este nuevo trabajo no tengo por qué aparentar por fuera, valoran más lo que puedan demostrar mis dedos volando sobre un teclado.
Dios en mi mundo particular, inventando piezas que a su vez componen otras piezas, relacionando todas ellas para formar un todo. Ceros y unos, palabras al fin y al cabo. Programar es como escribir un libro.
Ya he puesto a cero el contador, ¿cuántos kilómetros haré en esta nueva autopista?. Iré hasta donde me lleve el viento: una corriente de ilusión. La veleta marca el punto cardinal del optimismo, los malos humos quedaron atrás.
[y el viento corre en su contra]
Infiernos laborales





