Junio 27, 2003
Las Cinco del Viernes (II)
I. ¿De qué color pintarías la última naranja del cesto?
Supongo que estamos hablando del maravilloso cesto de la lechera, el mismo que llevaba mientras fantaseaba sobre su futuro. En ese caso la pintaría de amarillo fluorescente con la esperanza de que pudiera servir de aviso a la desdichada lechera a punto de tirar sus ilusiones en un cesto sin fondo.
II. ¿Con qué mirada esperarás que baje un ángel negro de la última nube del día?
El Ángel Caído le llamaban. Su mirada sería de odio contenido, sus ojos echarían fuego y en ellos habría un pequeño y casi imperceptible brillo de codicia.
III. ¿Con qué cuchillo clavarías la mirada de tu enemigo?
Me sentaría en el suelo con las piernas cruzadas, en un trance místico. Moldearía todas mis ilusiones para adaptarlas al filo, engarzaría los diamantes de la felicidad en la empuñadura. Después me levantaría tranquilamente y clavaría el puñal en el epicentro de todos sus odios.
IV. Dime el color de los ojos que no te miran
Podría imaginarlos azules como un océano, podría querer navegar en ellos y sumergirme en la profundidad de una mirada. Pero, por estadística, tengo que pensar que serán marrones (como los míos).
V. ¿Por qué el cigüeñal de mi motor no tiene un nido para que puedan viajar sin cansarse las cigueñas de mi pueblo?
Porque la natalidad está muy baja y las cigüeñas se están quedando en el paro. Dicen las malas lenguas que se disfrazan de transeuntes y hacen cola en las puertas del Inem. Pero esto, amigos, es otra historia.
Bueno, a preguntas surrealistas, respuestas más surrealistas...
[rozando el límite de la estupidez, que tan bien se me da]
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