Julio 03, 2003
Entre pelos y divX
Esta tarde he ido con unos amigos a buscar una tienda donde vendieran un DVD que reproduzca divX a un precio razonable. Hemos estado en la calle Barquillo (Madrid). Esa calle que es casi una leyenda urbana, refugio de tecnófilos y frikis del sonido y la imagen. Pues bien, no hemos encontrado gran cosa. Al final Internet sigue siendo la mejor opción.
Sólo he comprado un par de cosas por internet. Una de ellas la compré en una web de subastas a un precio muy asequible. La experiencia, lejos de ir bien, se convirtió en un calvario. Fue en SubastasPC (como siempre, no haré publicidad). Tuve que pagar por adelantado y estuve dos meses pensando que me habían engañado. Llamadas opacas, telefonistas obtusas (por orden directa de sus superiores) y cuando al final me enviaron la mercancía resultó que faltaban cosas.
¿Compraría otra vez por internet? Sí.
Considerando que el saldo de mi cuenta es tan pequeño que en mi banco no me dieron libreta, sino una hucha publicitaria de un cerdito que queda muy cuca en el recibidor, más que robar me dejarán limosna. Así que no temo porque se hagan con los datos de mi cuenta.
Después de esta disertación filosófica sobre las bondades del comercio electrónico, algo que se me pasaba por la cabeza mientras recorría la calle Barquillo, hemos ido a casa de un amigo. Esta semana me comprometí a cortarle el pelo con mi maquinilla, así que tenía que cumplir.
[mi fiel peluquera]
Mi amigo tenía el pelo largo y quería raparse al uno. Mi mente comenzó a viajar por parajes desconocidos mientras sostenía la maquinilla en mis manos y la pasaba por la cabeza de mi sufrido amigo de forma más o menos automática. Me monté el cuento de la lechera en versión peluquera. Experimentando con el peinado de mi amigo conseguí hasta cuatro o cinco looks distintos...
[todos completamente ridículos]
... hasta que la máquinilla empezó a emitir quejidos mecánicos. Sería una tragedia que la maquinilla dejara de funcionar en ese preciso instante. En ese momento mi amigo parecía tener una grotesca piña sobre la cabeza, mi vida no valía ni un penique. Así que me di mucha prisa y fui igualando el corte hasta dejarlo en una bola uniforme.
[que tiene su mérito]
Quizá cuando se mire al espejo se acuerde de toda mi familia, pero yo ya no estaré allí.
[o eso espero]
Technology victim





