Julio 08, 2003

Movimiento

Como cada mañana, al despertar, se miraba en lo que una vez fue un espejo mientras organizaba sus pensamientos. Una vieja práctica que mantenía unida la frágil estructura de conexiones neuronales que sostenía su mente. El atrapasueños de sus recuerdos.
¬ ¿Por qué la vida no tendrá un manual de instrucciones?
Para él los días se alargaban hasta que la tensión de la cuerda que unía cada amanecer con el siguiente se hacía insoportable. Una soga enrollada alrededor de su cuello. Cada día le costaba más respirar.
[cada vez tenía menos ganas]
Recuerdos de un ayer que no quería olvidar, visiones de un mañana que no quería adivinar, cubiertas por la densa niebla de la incertidumbre. Un espacio donde nunca salía el sol.
Cogió sus pinturas ceremoniosamente y se maquilló la cara como si de un ritual se tratara. Repasando cada trazo, calculando al milímetro cada movimiento. Lo había hecho tantas veces que sería capaz de olvidarse por un momento de sus ojos, dejar que la intuición y la costumbre marcaran el camino de sus dedos.
Ejercía de geólogo con su vida. Buscando el momento en que pasó de un estrato a otro, siempre hacia abajo. Había pasado demasiado tiempo desde la última caída, tanto que sus recuerdos tendían a olvidar cómo era su vida antes. Quizá por eso reorganizaba sus pensamientos cada mañana.
[para no olvidar]
Los transeuntes se han acostumbrado a su presencia. Simplemente, siempre estuvo allí. Forma parte del mobiliario. Nunca vino y nunca se irá, pero sigue estando allí. Su arma es el silencio. Mantiene todos los músculos de su cuerpo totalmente paralizados, la expresión de su cara congelada en un instante infinito. Hasta que alguien tira una moneda. Entonces se desata el proceso y su cuerpo se contorsiona como lo haría el de un muñeco. Los músculos funcionan como engranajes de una máquina.
[inerte]
Su perro, al que nunca le dio un nombre por pereza, está bien adiestrado. Responde a cada moneda con ladridos y, entre limosna y limosna, detiene sus motores.
Mientras tanto, la vida en la urbe mantiene su ritmo. Ajena a los individuos, concentrándose en las masas. Lo que no saben todos aquellos que pasan por sus dominios es que él sabe leer sus miradas. Ve el asco, el odio, la simpatía, la pena y el resentimiento. Y quiere gritar, quiere decirle a cada uno lo que no quiere oír, de lo que se esconde, lo que le produce vergüenza. Lucha por vengarse de una sociedad en la que no encaja, una pieza con defecto de fabricación descartada mucho tiempo atrás. Un alma errante.
[y solitaria]
Pero se resigna. Al fin y al cabo, vive mejor con este mundo que sin él.

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Julio 8, 2003 07:03 PM