Julio 14, 2003
El Chorizo de los recuerdos
Hay pocas cosas que tengan menos glamour que un chorizo. Quizá por eso nunca suele servir como vehículo de los recuerdos. Testigo de tiempos pasados que el protagonista de la historia encuentra un día por casualidad, activando los engranajes de su memoria. Puede encontrar una foto, una carta, quizá un anillo o un colgante... pero un chorizo...
Pero la vida, una vez más, no deja de sorprenderte.
Hoy, buscando algo que comer en la nevera, he sacado esos yogures que siempre están al límite de la fecha de caducidad. Esos que a veces parece que les cambian la fecha todos los días para ajustarla al límite. Más de uno se asombraría al ver qué cosas guarda en la nevera. Se escuchan leyendas que hablan de seres mitológicos habitando el fondo del congelador, en simbiosis permanente con unos cubitos de hielo añejos.
Pues detrás de esos yogures había un tarro que debía llevar ahí bastante tiempo. Cerrado herméticamente y rigurosamente caducado. Un tarro de Chorizos de Ciervo.
[dudoso manjar]
Como en una película, los pensamientos fluyen del pasado al presente. Crees que eres capaz de recordar todos y cada uno de los detalles de aquel día. Atas cabos en tu mente, un poco pasada de rosca, e inventas un lema comercial:
"Un chorizo es para siempre"
Y te ríes.
[mucho]
Yo, me, mí, conmigo





