Agosto 11, 2003
Sol nocturno
Conforme avanza el mes de agosto, Madrid se vacía gradualmente. El sol campa a sus anchas en calles vacías. Calienta un asfalto que nadie quiere pisar, se cuela en casas donde no es bienvenido y amenaza por las noches con su espejismo de calor.
[un sol nocturno que parece real]
En todo el país se suceden las mismas imágenes que llenan telediarios vacíos. En verano no hay noticias, en agosto todo se detiene, comienza un letargo que se prolongará hasta septiembre. Las pilas están medio vacías, los motores que nos sustentan se quejan renqueantes.
[necesitan un descanso]
En la televisión, como todos los años, nos cuentan que el paro ha vuelto a bajar aunque sea lo normal en verano. Se empeñan en contarnos cosas que ya sabemos, quizá por un afán de aparentar que todo va bien.
En la playa somos como parásitos. Ocupamos cada centímetro buscando el agua refrescante en unos días en los que parece que el infierno esté debajo mismo de nuestros pies. Calentándolo todo con las calderas de los pecados eternos.
[exentos de perdón]
El tiempo se confunde y lo que antes era el día ahora parece la noche. El sueño huye cuando se esconde el sol y vuelve, a hurtadillas, cuando vuelve a sus dominios. El calor nos persigue como una mosca hambrienta.
En esta situación cualquier plan que sugiera un cambio en la inactividad veraniega es bienvenido. Por eso quizá, cuando me propusieron ir al cine a ver por segunda vez 28 días después, acepté sin pensarlo. Lo que no pensé es que quizá me arrepintiera a los quince minutos de película.
[a veces repetir no es bueno]
Las chicas que estaban sentadas detrás debieron pensar lo mismo porque se pasaron toda la película cuchichecando y deleitando nuestros oídos con comentarios completamente estúpidos.
Este fin de semana el enano del tiempo consiguió desorientarme completamente para que no supiera en qué día estaba viviendo. El viernes pareció sábado, el sábado se convirtió en domingo por inercia y el domingo simplemente desapareció en un bucle espacio-temporal.
Así, con el lunes oficialmente inaugurado me encontraba en el Café Berlín disfrutando de un concierto de Jazz (un mundo completamente nuevo para mí) mientras tomaba una copa con unos amigos. No era la primera vez, pero sí la primera planeada. Lástima que haya fallado el batería y el sonido se quedara un poco cojo a falta de percusión.
Diría que ha sido un fin de semana completo pero he perdido el separador de páginas en el librillo del tiempo y no soy capaz de establecer la diferencia entre tantas noches y tan pocos días. Entre casas ajenas que me han acojido y rodeado de soplos de calor que amenazaban con asfixiarme.
Yo, me, mí, conmigo





