Agosto 26, 2003
Capirote
Hay días en los que parece que alguien haya grabado a fuego la inscripción "estúpido" en tu frente. La gente te mira como si llevaras uno de esos gorros con orejas de burro caricaturizadas hasta la saciedad.
Llamas a Wanadoo porque estás harto de que tu línea ADSL se haya vuelto vaga y deje de funcionar cuando le apetece. Esa misma línea con la que podías volar. Doy gracias a que no se cortó en pleno vuelo y no tuve que hacer un aterrizaje forzoso en las llanuras de la desconexión. Debe ser la cuarta llamada que haces, prácticamente te conoces a todos los telefonistas por su nombre y tono de voz.
Después de narrarle la incidencia como has hecho otras veces y no encontrar solución, el telefonista saca al ruedo su ingenio para poner a prueba tu estupidez:
¬ ¿Ha probado a enchufar el ventilador hacia el router?
[qué?!]
¬ También probé a meterlo en el congelador, mirusté.
La conversación acaba en lo de siempre. Supongo que un día de éstos aparecerá un técnico en mi casa con un ventilador industrial o con cualquier otro invento.
Por la tarde pasas por un estanco decidido a comprar otro paquete de tabaco de liar para comprobar si la pérdida del anterior fue un guiño del destino o si, por el contrario, fue un simple golpe de mala suerte.
¬ ¿Tienes Golden Virginia?
[una de las pocas marcas que has probado]
¬ No, ese no se vende muy bien. Pero tengo este que vale sólo dos euros y se vende muy bien...
Todas las alarmas de engaño inminente se encienden en tu cabeza. Desde tiempos inmemoriales el ser humano ha utilizado fórmulas parecidas para comenzar un engaño.
¬ No tengo los corderos que me pides pero tengo estos aquí que son una maravilla...
¬ Pues se me ha acabado el uranio empobrecido pero tengo aquí un nuevo material que...
[en guardia]
Miras el tabaco que te tiende el estanquero con una sonrisa y te permites dudar.
¬ Es de Virginia también...
[touché]
Para un hipotético observador externo a la conversación ese comentario pasaría totalmente desapercibido. Pero para ti no. Es un argumento que te hará comprar el tabaco aunque luego, cuando salgas del estanco, pienses:
¬ ¿Y qué cojones importa que sea de Virginia?
¬ ¿Es Virgina la tierra virgen?
¬ ¿Me devolverá el dinero?
Así que cuando llegas a casa y abres el paquete como un niño con un juguete nuevo descubres que más que tabaco parece alfalfa. Lías un cigarrillo y disfrutas de tu ración de pasto seco.
[¿otro guiño del destino?]
¿Y para cenar? Una ensalada rancia a precio de oro.
Definitivamente, hoy ha sido un día tonto.
Yo, me, mí, conmigo





