Septiembre 07, 2003

El buen samaritano

El viernes, después de una agitada semana entre sueños y despertares, activé el interruptor de desconexión de la rutina.
¬ ¿Qué planes tenemos para hoy?
¬ Me ayudas a montar el ordenador y luego jugamos al Póker...
Como en una película del medio oeste americano. Pero una donde no se pierde la casa, ni la parienta ni uno se apuesta a su mismísima madre. No, en ésta sólo se pierden diez euros...
[o se ganan]
Fuimos a un supermercado con la hora justa para comprar algo de beber que nos animara la noche. Ya se sabe que por esta jodida inoportuna ley, uno no puede comprar alcohol a partir de las diez de la noche. Estaba en la cola de una caja y yo era el siguiente. El reloj decía que faltaban dos minutos. Entonces se acerca una chica (muy guapa, por cierto) y, con un aire de inocencia, me dice:
¬ ¿Nos puedes pasar la bebida por favor? Es que si no, no podremos sacarla.
Sonríes como un estúpido hasta que te das cuenta que ese acercamiento ha sido por mero interés. Entonces intentas borrar ese rictus de estupidez de tu cara y asientes.
¬ Claro. Pásamela por aquí.
Tu amigo te mira como reprochándote algo.
Entonces se acerca otra chica (más guapa aún) y, con su radiante sonrisa, te dice:
¬ Perdona, ¿me pasas mi botella también?
La amplitud de tu sonrisa es directamente proporcional a la belleza de su rostro.
[se te va a desencajar la mandíbula]
¬ Claro, para eso estamos.
[¿no se te ocurre otra contestación?]
Entonces se te ocurre mirar atrás y puedes ver en los ojos de medio supermercado que están apunto de comenzar un proceso de lapidación contra ti. Cogerán lo que lleven en la mano y te lo tirararán a la cabeza sin miramientos. A la gente no le sienta muy bien que se le cuelen tan descaradamente. Me doy la vuelta como si nada hubiera pasado.
Intentamos pasarlo en tickets separados pero, cuando llevamos dos, comienza a funcionar la cadena antialcohol. Me sorprendo al ver la precisión de los cajeros.
A las diez en punto el encargado de turno avisa a las cajas de que "la venta de alcohol se ha cerrado". La chica cuya botella no estaba aún cobrada me mira como un corderito degollado y el cajero nos echa un cable: cobrará todo en el mismo ticket que tiene una hora anterior a las diez y aún no está cerrado.
Salimos del supermercado con una risa contenida y pregunta en los labios: ¿alguien entiende esta ley?

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Yo, me, mí, conmigo
by milio el día Septiembre 7, 2003 06:46 PM