Septiembre 09, 2003

Borrosa

No conservaba ninguna foto en la que no apareciera sola, sujetando cinturas imaginarias, mirando hacia el infinito o besando al vacío. Desde muy pequeña, sus padres se dieron cuenta de que todo el que aparecía en una foto con ella acababa borrándose del retrato como si nunca hubiera estado allí. Desde aquellos días, nunca había entrado una cámara fotográfica en su casa.
Si la enfocaban en un vídeo casero se convertía siempre en el centro del encuadre y, todo lo demás, aparecía desenfocado. La cámara sólo tenía ojos para ella.
De la niñez pasó a la adolescencia. Floreció como la flor más bella jamás vista, irradiando un aura de belleza que la acompañaría hasta el fin de sus días.
Ninguna mirada podía seguir sus pasos sin deslumbrarse. Emitía tanta luz como un sol cercano. No importaba la cantidad de ropa que llevara puesta, o que intentara cubrir su rostro con un velo. El aura de belleza era tan intensa que las calles perdían su color a su paso, para recuperarlo agonizantes cuando ella ya no estaba.
Un día conoció el amor. Él era uno de los pocos privilegiados capaces de resistir su poderosa presencia. Un don que el resto consideraba un defecto congénito: era ciego.
Cuenta la leyenda que, la primera vez que se desnudó ante él, la ciudad entera se iluminó. Los ojos de aquel infeliz, incapaces de captar una imagen durante demasiados años, recuperaron por un momento la visión.
[murió al instante]
Desde entonces, algunas noches se puede ver a una figura deambulando por las calles oscuras de la tristeza. Un foco de luz entre tanta oscuridad, una pequeña estrella que cayó del cielo y no sabe cómo volver. La peligrosa perfección.

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Septiembre 9, 2003 04:52 PM