Septiembre 14, 2003
Yo-me-mí-conmigo
Vueltas y más vueltas en la ruleta de la vida. Recuerdo lo que un día pensé para no olvidar mis recuerdos. Intento cambiar el prisma colocado en mi ventana, desde donde veo la vida pasar. Mirar la vida sin artificios, con una lente sin aumentos, la cruda realidad antes de pasarla por la plancha del hastío.
[vuelta y vuelta: una vida]
Levanto la vista y fijo la mirada en mí mismo cuando contaba la edad de la inocencia. Una inocencia condenada a la destrucción progresiva, lenta pero inminente. Un niño jugando, una chispa en la mirada. Mi mira, me sonríe de esa forma que sólo conoce un niño: con el alma.
Nos sentamos en un banco de la avenida de los recuerdos. Sus ojos, ansiosos de conocimiento, se fijan en los míos.
¬ Señor, yo a usted le conozco, ¿verdad?
[demasiado]
Le miro atónito, sin contestar. Conteniendo un flujo de palabras en el cielo de mi boca. ¿Acaso tenía yo tanta fuerza? ¿Podía mi mirada atravesar otras? Quizá este inventando a mi antiguo yo a partir de retales de mi niñez, añadiendo cosas que yo nunca tuve y quizá siempre deseé tener.
Me miró, observándome como nadie lo había hecho jamás, rompiendo todas mis defensas con una mirada. Si le hubiera dejado habría hablado con mi alma.
Él tenía una imagen mental de cómo sería cuando pasaran los años y yo intentaba recordar mis orígenes. Los dos nos estábamos reinventando mutuamente.
¬ Nunca seas como yo.
¬ ¿Y quién eres tú?
¬ Nadie.





