Septiembre 26, 2003

Comerse el mundo

De su infancia le quedaban aquellas fotos viejas, arrugadas por los años y con los bordes amarillentos. Aquella sonrisa no desaparecería con el paso de los años. Aún podía verse en el cuerpo de aquella niña, sentir cosas que había olvidado. Fotos dispersas en una mesa llena de recuerdos. Imágenes cuyo nexo se encontraba en un recóndito lugar llamado olvido.
[ancladas al pasado, presente y futuro]
Contaban los que la conocían que el destino se había enamorado de su sonrisa y, por eso, la trataba tan bien. Aunque las cosas siempre se ven de distinta forma desde la lejanía. La vida le hizo una proposición: te trataré bien si me regalas una sonrisa de vez en cuando.
Ahora, al recordar aquellos tiempos, se sentía como un peón viviendo en su mundo bicolor, esclavo de un tablero de ajedrez donde se le permitía un único movimiento: hacia delante. Viendo pasar por su lado sensaciones que quiso, pero no pudo, recoger.
Las clasificaciones no estaban hechas para ella, pues rompía todos los moldes. Nadie podía meterla en un cajón pues bebía de varias fuentes. Nadie podía encasillarla porque aún buscaba la libertad.
[era una paloma]
En su cabeza, una cámara grababa continuamente. Directora de su propia vida. Una película donde todo se hacía al revés. El guionista, lejos de inventar, se convertía en el cronista de una historia que se reinventaba a cada instante; los actores no aprendían textos, improvisaban. Ella había nacido para contar historias, transmitir sensaciones impresas en una película.
[cámara en mano, ciento volando]
La música formaba parte de su vida, pues no concebía una existencia sin su melodía. Canciones para cada momento y situaciones para cada canción. Siempre encontraba una letra que describiera lo que estaba viviendo. A veces, cuando las cosas no iban bien, enchufaba su discman y se dejaba llevar por las notas, adentrándose en un mundo de sensaciones conocidas pero brillantes. Era en esos momentos cuando su imaginación volaba lejos del mundo que conocemos y se adentraba en el universo de los sueños. El único momento en el que dejaba de sonreír.
Cuentan las leyendas que cuando su sonrisa desaparecía, en el mundo reinaban las tormentas.
Un día se dio cuenta de que estaba harta de vivir para los demás y decidió mirar por ella.
[empezó a vivir]
Cogió su coche como cada mañana, encendió el cassette con una cinta que alguien rotuló con letras apresuradas como Varios y encontró su canción: My Sharona. Se puso sus gafas de sol y repitió un pensamiento en voz alta:
¬ Voy a comerme el mundo.
[nunca más volvieron las tormentas]

by milio el día Septiembre 26, 2003 02:46 AM