Septiembre 28, 2003
La cultura del miedo
Esta tarde, viendo un documental sobre los Neonazis estadounidenses de la década de los ochenta: Años 80: Neonazis en Estados Unidos, me he quedado literalmente boquiabierto.
[del estupor a la carcajada y de la carcajada a la preocupación]
El fanatismo llevado al último extremo, la ignorancia como bandera y las citas bíblicas interpretadas con una dudosa subjetividad. Es curioso, pero en la mayor parte de este documental, uno se da cuenta de que muchos de los que esgrimen estas ideas se consideran profundamente religiosos y justifican sus ideas en citas de la Biblia. La fé, en ocasiones, sufre desvíos enfermizos y absurdos.
Estados Unidos de América, con sus barras, con sus estrellas. Con su hipocresía, con su consumismo. El ombligo del mundo, el blanco de muchos odios, demasiadas envidias y unas pocas esperanzas buscando una vida mejor. El sueño americano que nos transmiten películas teñidas de rojo, blanco y azul. Sentimientos de prospertidad transmitidos por palabras en el idioma del dólar, el petróleo y los misiles. Pero... hay algo más. Algo que no vemos a no ser que miremos más detenidamente, que observemos, que sometamos la muestra a un estudio más profundo: el miedo, y todo lo que representa.
Ya lo avisaba Michael Moore en su película-documental Bowlibg For Columbine. El miedo es el verdadero combustible del motor de destrucción americano.
A medida que avanzaba el documental me quedaba más y más perplejo. Convencido de que lo que estaba viendo sería inconcebible en un país menos militarizado, en un país donde cada ciudadano no tuviera un arma, en cualquier lugar donde la gente no se preparara para la guerra y el asedio cada vez que los medios de comunicación alarmaban estúpidamente a una población confundida por el miedo endémico.
Un orador que aparecía en dicho documental decía que debían estar preparados para la guerra pues había treinta y seis mil camboyanos ocultos en los bosques, otros tantos mil norcoreanos danzando en una montaña cualquiera y unos miles más de otra procedencia que no recuerdo. Además, argumentaba que poseían caballos veloces y entrenados. ¡Que iba a estallar la tercera guerra mundial! Es decir, este hombre pensaba que un ejército similar podía ocultarse en Estados Unidos sin levantar sospechas y que, además, conquistarían el país con caballos... El pobre hombre se aburría mucho en su casa y, cansado de jugar al Risk (aquel geinal juego de estrategia en el que uno podía dominar el mundo con sus fichas de color), decidió inventarse una teoría apocalíptica. Juntó enemigos de su país (no tenía que buscar mucho) y, aunque no supiera situarlos en el mapa, se inventó una trama internacional.
[surrealista]
El título original del documental, Blood in the Face (como veis, es una traducción literal), no es gratuito. Una de las teorías de estos geniales oradores al servicio de la sinrazón era que el nombre del primer hombre no era Adán, sino otro que no recuerdo, de fonética parecida y que significaba sangre en la cara o algo así. Pues bien, según estas lumbreras del pensamiento universal eso indicaba que la única raza pura, la única con permiso divino para vivir, era la blanca. ¿Y por qué llegaban a esta conclusión digna de un premio? Porque, según ellos, son los únicos capaces de sonrojarse realmente.
[!!!]
Lo peor no es que a alguien se le ocurran estas ideas... lo peor es que la gente se las crea.
Miembros del Ku Klux Klan son sus flamantes capuchas estilo estalagmita posando orgullosos. ¿Alguien imagina que, por un momento, un estraterrestre eligiera a un sujeto de este calibre para el estudio de la raza humana? Puede que nos aniquilaran sin pensarlo o que, por el contrario, nos aislaran por nuestro bajo coeficiente de civilización.
[el hazmereir del universo]
En el fondo de todo, el miedo. Siempre ese miedo creado por la inseguridad, ese miedo enfermizo y esquizofrénico. Esa epidemia extendida por todo el país. Constante amenaza, preparación contínua.
Y al final del documental las palabras que uno de los oradores le dirige al cámara:
¬ ¿Le hemos convencido de nuestras ideas después de lo que ha escuchado? ¿Comparte nuestras creencias?
Como respuesta un silencio, un plano vacío donde el negro lo llena todo. El negro que estos personajes odian, el mismo negro de la incomprensión, el color de la congoja.
[yo también respondí con un silencio]
Cosas que pasan





