Octubre 01, 2003

Maybe Someday

El cine estaba solitario. La ausencia de gente se podía notar. El taquillero bostezaba aburrido, rodeado de una densa nube de humo con la que intentaba mimetizarse. Su mirada vacía contaba las monedas con lentitud exasperante, como si a cada momento se le fuera a acabar la energía y su cuerpo, sin sustento, se fuera a derrumbar pegando su cara al cristal e invitándole a realizar un recorrido descendente. [contra el cristal] El mutilador de entradas, cansado de tanta masacre, reposaba sobre su banqueta. En sus ojos se podía leer la hora, como dos atentos relojes de arena. Ni siquiera le miró mientras cortaba su ticket. La puerta aislaba los dos mundos, separando un conjunto de otro como un pequeño cordón umbilical. Buscó un asiento al azar pues las entradas eran de naturaleza caótica y liberal. La sala estaba prácticamente vacía, sólo unas pocas personas ocupaban un sitio. Aún se podía sentir el eco de la sesión anterior. Las lágrimas aún no se habían secado. Quizá alguna permaneciera siempre húmeda como recuerdo de que una persona la derramó a conciencia. Alguien que la dejó ahí con un propósito, esperando que otra se fijara. La pantalla se tornó negra y los altavoces se aclararon la voz. Los bajos calentaron con sus baquetas y los agudos compitieron con un silbato. Las imágenes, descompuestas en haces de luz, entraban por sus ojos. Su cerebro, trabajando más rápido de lo que nunca fue capaz, las modificaba a su antojo, adaptando lo que veía a la plantilla de su vida. Un prisma único y común. Una concepción poco pretenciosa de las cosas que se fueron y las que están por llegar. Una línea delgada marcaba el presente, tan fina que los recuerdos impactaban en su caída de la montaña del futuro, en dirección al pozo sin fondo que es el pasado. Sus ojos se hinchaban por momentos, el corazón a veces quería salirse de su caja, torácica y protectora. Por un momento intentó cambiar los roles. Cogió a la protagonista y se puso en su lugar. Sintió un déjà vu impensable, con recuerdos que no eran suyos, viviendo una vida de ficción que nadie le había regalado. Sus ojos, quizá por el magnetismo inducido por aquella lágrima perdida, querían llorar. [pero no lo hicieron] Todo transcurrió como la lógica indicaba y el alma se negaba a aceptar. Un final esperado pero trágico. Las cosas no pueden cambiarse a la ligera. La línea del destino muchas veces avisa de su final, cuando ya es demasiado tarde. [un camino de no retorno] La pantalla volvió a ennegrecerse mientras una mano invisible escribía: Mi Vida Sin Mí (My Life Without Me).

Salió del cine como una sombra, inmerso en unos pensamientos que horas antes no existían. Se despidió de sus acompañantes, iniciando el tedioso camino de vuelta. Un camino en el que no estaba sólo: luchaba con sus pensamientos. Sentado en un vagón de metro de matrícula desconocida, mirando su reflejo en el cristal mientras se dejaba llevar por la música.
La lluvia ejerció de compañera de viaje mientras en su cabeza parpadeaba furioso un cartel con la inscripción: Things To Do Before I Die. La muerte siempre está ocupada estudiando cada vida, buscando el punto de rutpura, el momento exacto para cortar la línea con sus tijeras.
¬ La vida son dos días.
¬ Sí, pero yo sólo he consumido unos minutos.

Apresuradamente, se desvistió mientras se vestía. Todos dormían. No necesitaba luz, el mapa lo conservaba en su memoria. A tientas cogió todo lo necesario, se sentó en una mesa de cristal, encendió una ténue luz dorada y conectó el portátil. Las ideas bullían en su cabeza sin orden ni concierto, una caótica masa de pensamientos imposibles de organizar.
Desde su ventana se veía el mundo entero. Arriba el futuro, el presente era la fina línea que marcaba el horizonte y el pasado yacía enterrado bajo la línea de visión. Encendió un cigarro esperando que el humo ordenara sus ideas mientras su mirada se perdía en la contemplación de un punto inconcreto a medio camino entre la nada y el infinito.
Se puso los cascos y se dejó caer en la silla. Buscaba una canción, sabía lo que debía estar sonando en ese momento. Había encontrado una banda sonora para su película particular. Las notas de Maybe Someday (The Cure) rasgaban el silencio mientras sus labios subvocalizaban cada estrofa:
i'll see you smile as you call my name
start to feel, and it feels the same
and i know that maybe someday's come
maybe someday's come...
again!

Siempre asoció cada canción a un momento de su vida y cada vivencia, a una canción. Ahora lo tenía claro, ya sabía qué banda sonora debería sonar en esta etapa: Maybe Someday
[¿y por qué no?]

Clasificado en:
Metafísica , Miradas de cine
by milio el día Octubre 1, 2003 02:30 AM