Octubre 05, 2003
Escueto
Mis fines de semana, ultimamente, son de lo más extraño. No sé cómo me las apaño, pero siempre acabo durmiendo poco, mal y a destiempo. Mi cuerpo acaba conectando el piloto automático. Me dejo llevar y acabo convertido en un zombie paranoico y catatónico. Estoy convencido de que, si los fines de semana duraran más, acabaría perdiendo la cuenta de los días. Menos mal que siempre puedo buscar la luna en el cielo para saber cuándo es de noche.
[o notar su ausencia con el día]
El viernes alguna deidad decidió regalarme unas horas extras. Las cosas, cuando surgen de improvisto, sin planearlas, suelen salir mejor. Mi idea era cenar y volver a casa a reponer energías. La inercia de un vino llamado Turbino (nótese el juego de palabras, puro marketing) y una comida que tardaré lustros en digerir completamente, me llevaron a romper una fragil e innecesaria promesa y... salir.
¬ Vamos a ir a un bar que llevo trece años sin pisar...
[alguien debió avisarte de las consecuencias]
Un sexto sentido que no creías poseer emite señales luminosas (visibles a varios kilómetros de distancia) cuando lees el nombre del bar: Escueto. El puerta te saluda con su gorra y ni siquiera se fija en tus zapatillas. Empiezas a pensar que algo va mal. Y al entrar...
... al entrar te planteas si atravesaste un pliegue espacio-temporal, un bug en el gran programa que es el mundo. Algo te dice que, en un lugar donde nueve de cada diez mujeres podrían ser tu madre, encajas poco.
[o nada]
Deambulas por el local, das votes ocasionales y cantas canciones creadas antes de que aprendieras a hablar.
¬ Quizá el problema es que no hayan cambiado la cinta en trece años...
La situación te parece tan surrealista que esperas que, como ocurren en Abierto hasta el amanecer, todos se conviertan en vampiros y se produzca la esperada orgía de sangre y destrucción. En lugar de eso alguien baja la intensidad de las luces mientras unos actores comienzan su espectáculo.
Aquello que alguien llamó Variedades porque no encontraba ningún término que definiera tamaño espectáculo. Aquello que los americanos llaman miscelánea. Aquello podría ser perfectamente un ensayo del programa "Noche de Fiesta".
Aplausos.
¬ Éstos que aplauden deben ser amigos de los actores...
Cuando estas palabras salieron de mi boca un hombre que debía medir dos metros (a mí en ese momento me parecieron más de tres) me miró echando fuego por sus ojos.
[quizá él fuera amigo de los actores]
Salimos del bar atravesando nuevamente el tunel del tiempo (en sentido contrario), nos sometimos al típico período de indecisión dónde-vamos-ahora y al decidid-pronto-que-tengo-frío mientas alguien hacía el comentario de dónde-está-el-resto-se-han-perdido.
Acabamos al noche bailando en un sitio cuyo nombre no recuerdo hasta que los chicos de O.T. (mi casa, teléfono) dieron por finalizada mi noche. Escueta pero diferente.
[ya conozco un sitio donde volver dentro de trece años]
Yo, me, mí, conmigo





