Octubre 17, 2003
Carta papal
Estimado Karol Wojtyla:
Soy consciente de que cada vez tienes más dificultades para desempeñar tu cargo, que no te queda mucho como patriarca de la Iglesia. A no ser que tus cardenales (que, créeme, son peores que las hemorroides) quieran mantenerte en condiciones infrahumanas al frente de la mayor empresa del mundo. Si siguen por este camino al final tendrán que manejarte como a una marioneta y contratar al eminente Jose Luis Moreno o a Mari Carmen (la de los muñecos, eminencia) por sus dotes de ventriloquía.
Todos coincidimos en que te vendría bien una jubilación. Bienvenidos viajes del inserso, por fin tendrás tiempo libre para mirar los escaparates con los demás jubilados, liarte cigarrillos en un banco y disfrutar de la quietud de una mañana cualquiera.
Y quién sabe, yo podría ser Papa. ¿Sorprendido? Bueno, ya sé que no soy ni siquiera sacerdote, pero estoy en el censo Católico desde que con apenas unos meses de vida decidí bautizarme, una decisión que maduré durante la gestación, algo premeditado. ¿Qué son esas tonterías de que nos bautizan cuando no tenemos consciencia de nuestro propio yo y no sabemos lo que estamos haciendo? Yo, con mis pocos meses, estaba completamente decidido. Técnicamente podría ser Papa, ¿no?.
Y te preguntarás por qué quiere ser Papa alguien como yo. No, no es por la fama. Para eso nacieron programas como Operación Triunfo, Gran Hermano y similares. Y si no tengo talento siempre puedo inventarme cualquier fanfarria para contársela a las revistas del corazón. No es fama lo que busco. Simplemente tengo unas ideas que podrían atraer a miles de fieles a esta religión que es la nuestra con tan solo cambiar un par de detalles:
1) Las Misas: Regale algo a los asistentes, aunque no tenga ningún valor. Haga sorteos entre feligreses y permita que intervengan en la misa mandando SMSs a un número episcopal y correctamente bendecido. Los domingos, lleve a cuatro o cinco tertulianos que se tiren los trastos a la cabeza (dentro de su recto catolicismo) y que tras cada frase se giren hacia el público buscando un aplauso hipócrita.
2) Sexo, seguro: Dejémonos de normas inquisitorias. Eso de prohibir el sexo antes del matrimonio estaría bien en tiempos en los que las enfermedades sexuales eran mortales y Dios Todopoderoso tenía que putear un poco a los fieles bajo el yugo de la santidad, pero hoy en día está desfasado. Dejen de oponerse a los métodos anticonceptivos, y distribúyanlos en las iglesias. No satanicen el sexo alejado de la concepción, fomenten su práctica e, incluso, premien a los fieles más activos.
3) Preferencias Sexuales: Dejen de satanizar a los homosexuales, lesbianas, bisexuales y, en general, cualquier conducta sexual que se aleje de la que ustedes consideran normal. ¿No es la Iglesia una empresa? Si hacemos un estudio de mercado se darán cuenta de que ciñiéndose a su estricta medida no llegan a todos los potenciales consumidores. Más fieles, más dinero, es simple. Permitan los matrimonios de cualquier tipo, incluso entre humanos y animales. ¿Se dan cuenta de lo que ganarían en donativos, reportajes fotográficos exclusivos, flores y todas esas cosas de las que sacan tajada en las bodas? El negocio del futuro.
4) Conquiste los medios: Como todo el mundo sabe, una de las formas más eficaces de llegar al público es la televisión. Basta ya de misas aburridas los domingos por las mañanas. Lo que se lleva ahora es la canción y los experimentos sociológicos. De estos títulos saldrían auténticos bombazos de audiencia: Operación Coro, Gran Ojo o Seminarista de familia.
5) Héroes: Sansón y compañía se han quedado anticuados. A quién le sorprende ahora que una persona pueda tirar un templo entero con la fuerza de sus brazos. Rambo podía cargarse a un ejército entero sin pestañear, Superman podía volar y echar rayos por sus ojos y ninguno perdía sus poderes si le cortaban el pelo. ¿Quién se sorpende de la multiplicación de los panes y los peces cuando estamos en la era de los alimentos transgénicos? La Iglesia necesita un héroe mediático por el que la población sienta miedo y admiración, como en los viejos tiempos. Quizá con unos millones de esos que sobran en el Vaticano podríamos hacer que los chicos de Matrix le hicieran a usted protagonista de su próxima película: "Wojtyla Reloaded". Eso sí atraería a fieles y a freaks por igual, más beneficios para las arcas de la Iglesia.
6) Los Jóvenes: Aunque cada día somos menos, nunca se nos acaban las energías. Hoy en día los jóvenes no tenemos en qué creer, todos los políticos nos parecen unos hipócritas, nos escandalizamos ante las leyes represoras y analfabetizantes, nos horroriza que manchen los océanos con hilillos de plastilina y nadie nos hace caso cuando decimos no a la guerra. Si quiere meterse a los jóvenes en el bolsillo deje hacer botellones en las iglesias o conviértalas en discotecas sacras con DJs que hagan sesiones de música religiosa, construya colegios, institutos y universidades donde no se aplique nada que tenga que ver con la LOGSE, la LOU o cualquier deshecho similar. Legalice las drogas blandas (no se escandalice hombre, que a su edad es peligroso) y póngase a favor del aborto. Los jóvenes llenarán sus iglesias.
7) Nuevas tecnologías: Aplique las nuevas tecnologías al mundo de la iglesia. Oficie misas por internet con un chat asociado. Confiese a los fieles por videoconferencia y ofrezca bulas papales por e-mail. Hay un sinfín de posibilidades.
8) Curas: Quíteles el voto de castidad a los curas, a ver si pierden esos vicios pedófilos que algunos exhiben. Además, ¿no se da cuenta de que si los curas no tienen progenie no podrán inculcar a sus hijos los valores del sacerdocio? Fomente las dinastías de sacerdotes, sus pastores se lo agradecerán.
Estas medidas son sólo el principio. Si esta carta no está ya en la papelera, si su corazón sigue latiendo a pesar de tanto descaro, es que al menos he conseguido que me escuche. Yo puedo ser Papa. Mi buzón está abierto para cualquier sugerencia.
Saludos afectuosos.
milio
Cosas que pasan





