Octubre 19, 2003

Dos tristes pilas

Mientras dormía, Modorra observaba paciente el panorama. Sueño dormitaba en una silla, luchando por mantener sus ojos abiertos y sus sentidos medianamente despiertos.
La noche anterior, escrupulosamente, yo había puesto el despertador (el ordenador programado, los cuatro satélites y el subwoofer preparados para gritar). Esperaba no dormirme, saltar como un resorte cuando vibraran los altavoces.
[iluso]
Cuidadosamente, Sueño colocó unos tampones en mis oídos mientras intentaba contener la risa. Una broma muchas veces malgastada y una lección nunca aprendida.
[9:00]
Suena el despertador. Levemente, como en sueños, escucho una música ligera, tanto que parece un susurro. Como un autómata me incorporo, apago los altavoces y vuelvo a la cama (reconstrucción de los hechos). Sueño me acaricia la cabeza mientras canta una nana.
¬ A veces el mundo no se merece que abramos los ojos.
Y yo, fulminado bajo una manta que debe pesar toneladas, me adentro en el mundo de la oscuridad sin sueños mientras el eco del despertador aún rebota contra las paredes.
[11:45]
El móvil, con su tono polifónico y pesado, entona la música de Rocky (la de la película). Sueño, cogido por sorpresa, improvisa una estrategia. Las calderas del subconsciente rugen ante tanta actividad. Las cavernas de los sueños, antes iluminadas por una luz ténue, ahora brillan como si el sol se hubiese colado entre sus paredes. Sueño está fabricando ilusiones, cambiando la realidad que llega en una cinta transportadora, cercenando sensaciones, creando paradojas.
¬ Shhhhhh. Es un sueñooooooo.... shhhhhh.
Cuando se trata de despertar, mi voluntad es nula. Feliz porque sea un sueño vuelvo a las profundidades.
[otra vez Rocky]
Incapacitado para reaccionar, Sueño emprende la huída, desapareciendo entre las sábanas. Modorra me pone la inyección de parsimonia y se marcha satisfecho, sabiendo que habrá perdido una batalla, pero la guerra es larga.
¬ ¿Sí? - voz de ultratumba.
¬ ¿Cómo que sí? ¡¿Sigues durmiendo?!
¬ Bueno... ahora mismo no.
Modorra se ha encargardo de ralentizar mis acciones por lo que no puedo más que arrastrarme hasta la ducha esperando que un chorro de agua fría me despeje.
[mano de santo]
Bajo a la calle protegiendo mis ojos del exceso de luz. Compro tabaco y al salir, algo se me cae. Un sonido consigue vencer la resistencia de los cascos, pero no lo suficiente como para identificarlo. ¿Será una moneda? No, están todas. ¿El tabaco? Lo tengo en la mano. ¿Una extremidad? No me duele nada.
Sigo mi camino mientras el discman hace de maestro de ceremonias.
Chino-Metro-Guzmán el Bueno
Salgo del metro apresuradamente y escucho otra vez el sonido de algo impactando contra el suelo. Miro y veo una pila rodando alegremente hacia las vías. Aquella situación tantas veces imaginada en la que se me cae algo al andén se reproduce ahora ante mis ojos. En mi mente muchas posibilidades, mis piernas ancladas en el suelo.
Cloc!
[demasiado tarde]
Durante unos segundos mantengo el rictus de estupidez, me doy cuenta de que es la segunda pila que pierdo en el día, que todos los aparatos que uso llevan un número par de pilas y que, además, estas pilas son muy baratas (aún siendo recargables). Me giro y continúo mi camino.
[reducción al absurdo]
Curiosamente, el día me iba a deparar otras sorpresas. A la vuelta, en la misma estación, camino ensimismado, viviendo en mi mundo interior donde puedo ser lo que dice la letra de cualquier canción. Dos trenes llegando, un tonto en el andén equivocado, alguien al que le toca esperar otro tren.
[astuto lector, has adivinado a quién]
Y, por si fuera poco, las pilas del discman se acaban a los cinco minutos.
Definitivamente, debí dejar que Sueño ganara la partida.

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Locuras
by milio el día Octubre 19, 2003 11:59 PM