Octubre 22, 2003

Run away

Su corazón latía agitado. Sus pulmones trabajaban a pleno rendimiento. El aire que exhalaba se tranformaba en niebla, los suspiros se mezclaban con la lluvia. Los jadeos pasaban desapercibidos gracias a la censura de algún trueno.
[corre]
La hierba no parecía notar su peso y, rebelde, recuperaba su forma original tras sus pasos. Torrentes de agua se deslizaban por su cara formando una graciosa cascada que se precipitaba desde su nariz. Sus lágrimas pasarían desapercibidas de nos ser por unos ojos inyectados en sangre que parecían gritar con cada esfuerzo.
[huye]
Todo lo que se encontraba a su paso parecía interponerse en su camino. Los árboles parecían reprocharle algo, arañándole con sus ramas y cegándole con sus hojas. Las flores huían despavoridas ante tanta entromisión. Animales de leyenda le espiaban, ocultos tras una cortina de agua y un manto de oscuridad. La niebla cada vez se hacía más densa, luchaba contra sus ojos aliada con unas lágrimas hartas de tanto sedentarismo, ansiosas de descubrir el mundo.
[llora]
El bosque borraba sus huellas, la maleza ocultaba el rumor de su carrera. Los árboles absorvían la luz a su paso. Y él, mientras tanto, seguía corriendo. Huía de algo que no comprendía, enmudecía un grito que nació sordo, dejaba atrás la luz adentrándose en un territorio oscuro y desconocido.
[calla]
La ropa se desprendía por voluntad propia. Saltando, retorciéndose, tropezando, consiguió desprenderse de todo lo artificial, necesitaba ser sólo él. Y nada más. Un reloj, harto de contar el tiempo, se paró un momento antes de caer en un lecho de hojas. La cadena continuó reflejando los rayos de la luna mientras caía en un lugar nunca recordado. El anillo, resistiéndose a partir, mordió su dedo con furia. Era inútil resistirse, acabaría perdido en mitad de ninguna parte. Fue el último vestigio de lo que fue una vida que ya nadie recordaba, un testigo mudo y perdido en un universo verde.
[prescinde]
Detrás, un puñado de fantasmas y horrores rastreaban la zona. Su vida pendía de un hilo, su naturaleza (muerta) estaba a punto de desaparecer. Su razón de ser iba a dejar de existir. Y tenían miedo, por primera vez en mucho tiempo. Corrían y corrían, adentrándose en la oscuridad con ojos de cristal y miembros ortopédicos. Algo les impedía entrar en aquel bosque. Uno a uno fueron cayendo, desintegrándose, desmoronándose, desapareciendo. Sólo uno pudo seguir corriendo, aquel que debía darle la vida a los demás, el mismo que debía evitar que el perseguido llegara al centro del bosque.
[miedo]
Ya estaba listo para el descenso, ya podía comenzar la regresión. "Aquel que busque la causa de las cosas deberá desprenderse de todo artificio y adentrarse en el Bosque del Conocimiento", repetía mentalmente. Sus piernas flaqueaban pero no detenían su movimiento. Sus lágrimas pasaban desapercibidas, sus gritos eran inaudibles...
[aíslate]
Entonces el reloj que contaba sus días se paró y, renqueante, invirtió el sentido de su movimiento. Un movimiento imposible acompañado de un chirrido bien audible. Corrió más aún y vio que, cuanto más rápido huía, más velocidad ganaban las agujas. Su corazón latía sin control, su vista se nublaba por momentos, pero debía seguir.
[retrocede]


Alguien le seguía. Con cada paso un trueno. No quiso mirar. Sabía que era el mismo del que huía. Aquel que no tenía rostro ni forma, que se adaptaba a sus temores. Aquellos ojos rojos que todo lo quemaban. El peor de sus fantasmas.
[no mires atrás]
Sabía que estaba cerca del centro, aquel lugar donde ningún fantasma podía entrar, el sitio donde debía encontrar sus respuestas. Sus músculos gritaban de dolor, su corazón se desbordaba, los ojos palpitaban mientras un telón de acero quería dar por finalizada la función antes de tiempo. Una mano incorpórea agrarró su brazo, un frío mortal amenazó con destruirle, siglos de incoherencias volaron por su mente... justo en el momento en que pisaba el claro central.
[vuela]
Miró atrás satisfecho mientras su cuerpo se desmoronaba sin fuerzas. Orientó su mirada en un movimiento imposible para ver cómo el fantasma le miraba perplejo, sangrando por un millón de heridas, muriendo de cien formas distintas. Un rugido de ultratumba mientras un millón de vidas pasaban por sus ojos, otras tantas muertes vengándose al unísono.
[mata]
Se desmayó, perdió el norte cuando la brújula que guiaba sus pasos se rompió en pedazos. La lluvia seguía cayendo como si nada hubiera pasado. El bosque borró las huellas del camino y los últimos truenos silenciaron el rumor de la carrera.
El Bosque del Conocimiento se deshacía de las pruebas. Tendrían que pasar otros cien años para que alguien se adentrara en sus entrañas buscando respuestas.
[despierta]

¬ ¿Cómo demonios he llegado aquí?

Clasificado en:
Metafísica , Realismo ficticio
by milio el día Octubre 22, 2003 09:50 PM