Octubre 27, 2003

La fiesta de la democracia

Cuando el despertador suena a las siete y cuarto (de un domingo), el primer pensamiento que se me viene a la cabeza es dormir. Meter la cabeza bajo la almohada cual avestruz y no sacarla nunca más. Sangría me colocaba un extremo de su alicate en cada sien, dispuesta a comenzar la tortura. Colocaba, mientras tanto, un péndulo de fuego en mi estómago.
[ardiente]
Llego tarde, eso no es una novedad. Me ducho mientras un señor lo cronometra para el Record Guiness. Salgo de casa bajo un manto de lluvia que, lejos de despertarme, me introduce aún más en el mundo de los sueños.
[pienso en lo bien que dormiré por la noche]
En el colegio electoral, todos corren de un lado a otro, buscando su mesa. Me doy cuenta de que no llevo los papeles y no recuerdo en qué mesa estoy. Así que me toca ir por todas las mesas preguntando si les falta agún segundo vocal. Mientras tanto, una voz me susurraba al oído:
¬ Arresto domiciliario...
¬ Vete a dormirrrrr...
Mientras en cualquier país pobre asiático un niño cosía balones, nosotros coordinábamos la votación en una mesa electoral. Al mismo tiempo que un jornalero recogía fruta, sudando en cualquier terreno propiedad de un ricachón, nuestras muñecas echaban humo del esfuerzo. Todo por cincuenta y dos míseros euros. En cualquier trabajo te pagan más por trabajar un domingo (haciendo la mitad de horas).
Los apoderados e interventores de los partidos pasaban masticando tortilla de patatas y bebiendo sus latas de cerveza mientras los demás, los que realmente trabajábamos, teníamos que toser para disimular el rugido de nuestros estómagos. Yo seguía pensando que era una mala estrategia convencido de que más de uno cambiaría su voto por un refresco...
En las elecciones te puedes encontrar personas de todo tipo. El freak que ha memorizado el libro y no hace más que buscar la vuelta de hoja, la filigrana electoral. Aquellos que por ser presidentes de una mesa se creen parte de una raza superior, llevándose por delante a quién haga falta. Esos, amigos, son los que nunca os deben tocar en la misma mesa...
Está el típio votante gracioso:
¬ ¿Y no me regaláis nada?
[sonrisa estúpida]
¬ Por ser tú te vamos a dar este maravilloso lápiz. Porque tú lo vales.
Mis compañeros aguantando la risa, la desdichada novia de aquel tipo riéndose a carcajada limpia y el pobre diablo amagando una sonrisa totalmente falsa.
¿Y qué decir de los apellidos extraños?. Cuando uno lleva desde las ocho de la mañana sentado en una silla, leyendo cientos de nombres, estableciendo parentescos imaginariamente, le hace gracia cualquier cosa. Llega un momento que ya no sabes si disimular la risa o reírte abiertamente, ya sabes que se han dado cuenta.
Después de unas horas interminables se cierra el colegio y comenzamos con el escrutinio. Para ser prácticos, dejamos de lado el método que viene en los libros e improvisamos uno nosotros. Si hubiéramos usado el solemne e inutil método propuesto en el libreto, podíamos haber tardado horas (como le pasó a otros grupos). Estaban presentes dos interventores, uno del PP y otro del PSOE. Era curioso ver las reacciones de ambos cada vez que salía un voto de su partido. El recuento lo hemos cuadrado a la primera, rellenado todas las actas infernales y hemos estado listos antes de lo que me imaginaba (en la más optimista de mis estimaciones). Otras mesas estaban destinadas a repetir una y mil veces el escrutinio.

Un día de mi vida tirado a la basura. ¿Y sabéis que es lo peor? Que han ganado los malos y, los menos malos, han perdido víctimas de su propio ridículo.
[there's NO HOPE]

nota: mañana pondré el resumen del encuentro en Madrid

by milio el día Octubre 27, 2003 12:32 AM