Octubre 31, 2003
Afú
//el sonido que hace un PC al morir//
Aquellos vídeos de ejecutivos pateando sus ordenadores, rompiendo monitores con barras metálicas, no exageraban. Anoche hubiera hecho lo mismo con el mío.
Tenía que redimensionar una partición para crear otra. Algo que había repetido mil veces y nunca me había dado problemas.
[confiado]
Muchas consultoras dicen que la mayor parte de fallos de seguridad o de pérdida de datos son culpa de los usuarios. En mi caso, tienen razón. No sé si será porque soy del gremio, pero me confié demasiado y no hice ningún tipo de copia de seguridad.
¬ Total, esto nunca falla.
[los cojones -como medida de cantidad-]
El mismísimo Murphy me observaba oculto tras las cortinas, esperando el momento para atacar con alguna de sus leyes. Mi sonrisa (medianamente estúpida) se transformó en una mueca de asombro cuando vi:
"Error #19 Al final de una parte"
Deberían encarcelar al programador que puso ese error tan descriptivo.
Ahí empezó la debacle. Windows XP arrancaba, exhibiendo una pantallita azul (de la muerte) durante siete milisegundos, para luego reiniciarse. Ayudado de mi portátil recorrí de cabo a rabo el océano del ciberespacio buscando programas que me prometieran restaurar lo perdido.
Estaba acojonado acongojado, había demasiadas cosas valiosas en aquel disco. Recuerdos de mi vida inmortálizados en una malla de ceros y unos, divagaciones escritas con palabras cibernéticas, recuerdos de una vida distinta (ni mejor, ni peor), era como perder una parte de mí.
El problema es que mi partición no estaba del todo corrupta, sino que la información contenida en la tabla de asignación era incompleta. Para que os hagáis una idea: los archivos estaban pero el disco duro no sabía exactamente dónde.
Ya se sabe que los problemas no vienen nunca solos, se organizan en piaras de rollizos desbarajustes. El monitor dejó de funcionar correctamente, la placa base empezó a volverse loca y yo temí que aquello acabara explotando. Entonces me acordé de mis comienzos en esto de la informática (no, del Spectrum no), cuando todo se hacía con MS-DOS y el Windows se apellidaba 3.11 (para trabajo en grupo). Entonces vino a mi mente, letra a letra, volando entre la incertidumbre: C-H-K-D-S-K...
¬ ¿Por qué no?
Entonces todo cambió. Murphy salió corriendo mientras maldecía mi buena suerte, Bill Gates dejó de descojonarse entre mis piernas (no pensemos mal, la CPU está más o menos ahí) y se marchó mientras respetía:
¬ 640 Kb deberían ser suficientes... ¡Volveré!.
Y yo, como tenía todo el pc manga por hombro, terminé la labor formateando la partición (después de copiar religiosamente los datos en otra y alegrarme por mi buena suerte. Y con mirada estricta le dije a mi PC:
¬ Te has salvado por los pelos. Una más y te tiro por la ventana.
¬ Sí, mi amo.
¬ Así me gusta, que entiendas tu lugar.
[eran las siete de la madrugada y yo ya estaba divagando]
Niñ@s, de esta bonita historia tenéis que sacar lo siguiente:
* Antes de redimensionar particiones haz siempre una copia de seguridad.
* Si las cosas van mal, reza a **** (coloca aquí el nombre de la deidad en la que creas o, en caso de ser agnóstico, pon tu nombre).
* Si aún así no baja un santo y te arregla el PC, prepárate para una noche larga.
* Y si no tienes ni idea, llama al vecino informático (que todo buen hijo de vecino tiene), le encantará pasar la noche arreglando tu PC, en el fondo disfruta con cada nuevo reto.
Technology victim





