Noviembre 25, 2003

Muérdesela

Para ti se acabaron las noches y puedes contar los días con los dedos de una mano. Deseas morir pero no puedes quitarte la vida, porque ni siquiera eso te pertenece. Recuerdas, y el recuerdo es una punzada de dolor que se extiende como los ríos de sangre en el fragor de una batalla.
[donde eres la única víctima]
Shock.
Eso diría un médico, que te encuentras en estado de shock. Si pudieras reir ya lo habrías hecho, pero ni siquiera puedes esbozar una sonrisa sin que un millón de agujas asedien tu cara.
Aún recuerdas esos ojos, inyectados con sangre, que a ti te parecieron los del mismísimo diablo. Aquella respiración entrecortada que olía a muerte. unos brazos que te atenazaban como las pinzas de un cangrejo gigante y sanguinario. Cómo aquel agijón de escorpión entraba y salía de tu cuerpo, sambrando la destrucción a su paso. Con cada sacudida mil lágrimas se suicidaban, con cada centímetro una sonrisa moría. Se iba para no volver.
[nunca más]
Tus gritos morían antes de nacer, mutilados por una mano que todo lo callaba. Tu cuerpo moría en vida, tu alma quería escapar. Pero no podías, aquello que te mataba sonreía en la oscuridad, inmerso en una danza de muerte y destrucción.
[quemando tus recuerdos]




¿Por qué? Lloras, porque dentro de ti ya no queda nada, la vida se escapó, las flores murieron, la hierba se secó. La alegría se esfumó. Contemplas en estado catatónico como todo el pueblo te rodea. Ves la satisfacción en algunos y la más profunda de las triztezas en otros. Cierras los ojos y te dejas llevar mientras unas manos introducen tu cuerpo en una bolsa. Sigues viva pero conoces a la muerte de cerca, sabes que no tardará en llegar.
[y que te irás con ella]
Silencio.
Los humanos callan y la naturaleza imita su gesto. Horrorizada porque morirá otra inocente, fiel a su pacto de no intervención. El silencio puede ser más tétrico que los gritos.
¿Quién tirará la primera piedra?
Una niña con lágrimas en los ojos se agacha ceremoniosamente para coger la primera piedra. Las lágrimas dejan un rastro en su cara que nunca podrá borrar, que ningún jabón puede neutralizar. Son heridas en el alma. Su padre, tu marido, coge otra piedra. Un rumor silencioso envuelve el ritual, mientras todo el pueblo recoge su piedra, una porción de tu pasaporte hacia el cielo.
El aire no puedo hacer nada por detener aquellas piedras en su trayectoria. Sólo puede llorar de la única forma que conoce: silbando.
Y tú sigues preguntándote por qué los inocentes mueren y aquel que te violó sigue con vida, por qué eres tú la culpable de algo que sólo tú sufriste.

Érais jóvenes. Él había bebido mucho esa noche. No sabía lo que hacía, con lo que te quiere, lo que te aprecia... ¿Acaso es delito que te quiera sólo para él? Cosas de críos, sus hormonas que le pierden. Te enamoraste de él por casualidad, porque él estaba ahí en el momento preciso y te miró con aquellos ojos...
...los mismos ojos que hoy odian todo lo que ven y no son capaces de reconocer tu sonrisa bajo aquella montaña de desconfianza que poco a poco ha crecido en torno a ti. Vives de los recuerdos, porque quererle de otra forma no es posible, no reconoces a tu amor en aquel mónstruo. Pero confías en que las cosas cambiarán y volverán a ser como antes...
¿Cómo eran antes? ¿Acaso él no ha sido siempre así? Después de cada golpe venía una disculpa. Con cada hematoma un te quiero, y tras cada fractura un cambiaré.
Pasaste a ser un cero a la izquierda, te anularon como persona, pero tú le seguías queriendo...
[¿por qué?]
Estás ciega y lo sabes. Tanta maldad a tu alrededor no hace más que oscurecerlo todo. Vives en la penumbra, temerosa de que el Doctor Jekyll se convierta en Mister Hide, aplacando su ira con todo tu amor.
[es difícil vivir con un monstruo]
Y ahora, de camino al cielo, te maldices una y mil veces. Maldices una vida de engaños y falsas apariencias. Maldices la aparente normalidad que se acababa cuando cruzabas la puerta de tu casa: la antesala del infierno. Tu vida acabó antes de empezar.

[ Imagen muy explícita ] Pasó tanto tiempo hasta que pudiste salir a la calle otra vez... Te mirabas al espejo y no reconocías aquella cara, no eras tú. Te habían robado el alma.
Cuando corrió la noticia de que habían abusado de ti, nadie te creyó. Te tacharon de adúltera, infiel y te desterraron al ostracismo. Y por si aquello no era suficiente, tu propia familia intentó matarte.
Eras la deshonra de la familia y por eso te intentaron quemar viva y, no contentos con eso, tu propia madre intentó envenenarte.
No consiguieron matar tu cuerpo, pero la muerte te espera detrás de cada esquina mientras el espejo no quiere reflejar tu rostro.
[desfigurado]

Y, mientras sucedan cosas como ésta, seguirán muriendo mujeres inocentes a manos de despojos que la sociedad expulsó de una patada de sus dominios. Los políticos seguirán haciendo campaña sin aportar soluciones y muchos monstruos seguirán sonriendo en su trabajo mientras se disfrazan de muerte en sus alcobas.
[y el mundo gira, pero cada vez me apetece menos girar con él]

Si buscas ayuda, puedes empezar por aquí.
[no lo dejes para mañana]

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Noviembre 25, 2003 06:20 PM