Diciembre 15, 2003

Mundo y aparte

// mundo y final //

El café. Sujetaba la cucharilla con los ojos vidriosos mientras su mente se perdía en un mundo a su medida. El cordón que servía de nexo con la realidad era cada vez más fino, rompiéndose por demasiados puntos. Era imposible remendar todos los descosidos, aquello se reterioraba irremisiblemente. Sabía que tarde o temprano el mundo dejaría de importarle.
[buscaba libertad]
Con la mirada fue repasando el trazado del campo de azulejos. Caóticamente, sin seguir un rumbo fijo. No le importaba pasar dos veces por la misma línea, repetir un camino que olvidaba a cada paso. ¿No era eso una metáfora de su vida? ¿Acaso importaba?
[nada importaba ya]
La mudanza era complicada y tenía que hacerse a marchas forzadas. Caminaba con pasos de trapecista por aquel cordón de irrealidad, acarreando sus pertenencias desde el mundo matriz a su mundo imaginario. No sabía cuánto tiempo iba a permanecer en el plano real, cuándo aquel hilo se dividiría para siempre en dos partes cuyo tamaño no importaba.
¬ Sin camino no hay retorno. Sin retorno no hay apego.
Criaturas legendarias creadas por su imaginación viajaban sobre su regazo hacia el mundo de sus sueños. Los cajas de recuerdos eran prescindibles y serían las últimas en viajar. No recordaba cuándo dejaron de importale las pequeñas cosas, pero ya eran un cero a la izquierda. Sentía pena porque las personas más cercanas no podrían acompañarla en ese viaje, personal e intransferible. No le gustaban las despedidas así que se iría sin avisar.

[mundo y aparte]

El café. Lo único que podía mantenerle despierto mientras su mujer revoloteaba por toda la casa. Con aquel camisón que él mismo le regaló, blanco y con transparencias, como era antaño su mente. Hubo un tiempo en que él era totalmente capaz de leer las emociones en los ojos de su mujer, ahora todos los telones se habían cerrado y convivía con una desconocida.
[y él era un extraño]
Removía el café apáticamente mientras intentaba concentrarse en el periódico, pero las letras bailaban y se reorganizaban a su antojo. Sólo podía leer una cosa: L-O-C-A. Y él, antes perfectamente equilibrado y meticuloso, se estaba convirtiendo en un ser caótico y pasivo. ¿Quién estaba destruyendo a quién?
Aquella desconocida se dirigió a la mesa con pasos de bailarina y se sentó a su lado. Le miró con los ojos muy abiertos, escrutándole como si no le conociera.
¬ ¿Por qué estás en mi casa? ¿Eres un trasto o un recuerdo? No debes ser un recuerdo porque tu cara no me suena y... ¡Te mueves mucho para ser un trasto!
Él la miró como hacía siempre, como se mira a una niña que apenas sabe hablar. Le puso el dedo entre los labios y se los cerró con gesto cariñoso.
¬ No soy nadie. No existo.
Ella abrió aún más los ojos y emitió una carcajada estridente que desembocó en una risa nerviosa.
¬ Eres muy gracioso, trasto. Pero no te llevaré conmigo. Me distraerías.

[mundo y aparte]

El café. El mismo café de cada mañana. Aún no se había acostumbrado a hacer menos cantidad ahora que estaba solo y siempre tenía que tirar la mitad. La echaba de menos y eso le enojaba y le entristecía... y le liberaba. Ella se fue mucho antes de que su camisón dejara de revolotear por los pasillos. La siguiente marcha, la física, fue sólo una consecuencia.

[mundo y final]

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Diciembre 15, 2003 07:43 PM