Diciembre 28, 2003
Cambio
El destino es un frágil cordón, extremadamente maleable, que se deja llevar por el viento. En ocasiones levanto la cabeza y puedo ver como lo que es mi vida no se acerca a la idea que tengo en mente. No, no hablo en términos de felicidad, sino en el lenguaje de las motivaciones.
Un año muere y otro ocupará su lugar. El tiempo nunca se detiene, no llora a sus miembros desaparecidos, simplemente los ignora. Se recompone tras cada funeral. Casi todos los instantes son insignificantes para el señor del tiempo, demasiado ocupado con que a cada segundo le siga otro como para ponerse a lamentar la expiración de sus hijos. Nació para contemplar la muerte del presente que será enterrado en las tierras del pasado. Para él el futuro no existe, sólo puede ver el presente.
[no es un visionario]
Cada año me hago propósitos que sé que no cumpliré y que, quizá, repita al año siguiente. Los propósitos son un motor que nos lleva de un día a otro, sin permitir que nos detengamos en nuestro camino.
Este año tengo que plantearme muchas metas, quiero dar un giro radical a mi vida, dotarla de más sustancia, pintar ese insoportable tono gris con pinturas blancas.
El día que no tenga fuerzas para soñar estaré irremisiblemente muerto.
[y aún me queda mucho camino por recorrer]
Yo, me, mí, conmigo





