Enero 05, 2004

El remitente ausente

El despegue había sido perfecto, sin contratiempos. Volar le fascinaba, aunque fuera en un mastodonte de metal. No podía sentir el aire contra sus mejillas pero se imaginaba la sensación.
¬ Dios fue cruel al no darnos alas.
La presión en la boca del estómago ya había cesado. El personal de la triupulación recorría los pasillos metódicamente, con una sonrisa tallada en los labios con el cincel de la costumbre. Una azafata se inclinó sobre su asiento preguntándole algo. Se quitó un auricular de la oreja y contestó con una negativa y dos sonrisas.
Todo ocurrió demasiado rápido. El avión empezó a temblar mientras un motor se detenía. Desde su ventana no podía ver el otro motor, pero imaginaba lo que estaba pasando. Desconectó de la realidad mientras todo el mundo gritaba al unísono. Alguien dijo algo por megafonía y él se limitó a seguir la rutina de seguridad. Algo le decía que su vida pendía de un hilo, y se resignó.
Recordaba aquella postal que le escribió a su novia desde una terraza cualquiera, contándole las ganas que tenía de verla, de abrazarla, de sentirla. Una postal que no envió para poder entregársela junto con unas rosas.
[rojas]
El avión se precipitó sobre el mar como un pájaro herido de muerte. En el instante en que aquel féretro de metal explotaba la imagen de su novia de descomponía en su mente. Como los reflejos del agua que se desintegran cuando algo impacta sobre ellos.
[como su vida]

Y yo siento escalofríos al contar esta historia...


NOTA: Basado en una noticia de El Mundo.

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Enero 5, 2004 08:24 PM