Enero 08, 2004

Estupidez intolerable

La víspera de Reyes tenía dos entregas de amigo invisible. La primera, en casa, era un regalo esperado. Mi madre se había desenmascarado a sí misma y ya tenía claro que me iba a comprar una colonia. Hugo Boss era su elección (más bien la mía), así que ahora ya tengo uno de los dos elementos con los que el del anuncio parece irresistible a las mujeres, solo me falta la otra parte.
[yo]
A mí también me había tocado regalarle a mi querida (y santa, por aguantarme) madre. Soy malísimo para los regalos, nunca sé qué regalar. Así que, tirando un poco de la publicidad masiva de las navidades, elegí un móvil. Me siento culpable por haber metido a mi madre en esta espiral comunicativa, de las llamadas y los mensajes, de las promociones y los engaños.
[welcome to mobility]
Después, y sin tiempo de reacción, debía ir a una fiesta (en un lugar remoto) para la segunda entrega invisible. Esta vez tenía suerte, porque mientras que a mí me regalaban todos yo no regalaba a nadie. La fiesta se fue apagando y la gente, cansada de tantas navidades, fue retirándose. Los pocos que quedamos decidimos irnos a tomar algo a un sitio cercano, para no acabar la noche de forma precipitada.
Tras varios intentos de echarnos del local con música de dibujos animados, consiguieron su propósito. Nuestra intención era ir a un pub que cerraba a las seis para acabar la noche.
Antes de proseguir he de decir que yo llevaba unas zapatillas, vaqueros y una sudadera de AC/DC de mis tiempos más rebeldes (que a mi abuela le encanta). Era lo primero que había cogido del armario, no hacía falta elegir mucho más para una fiesta en una casa.
[se mascaba la tragedia]
De lejos vi que los porteros iban trajeados, mala señal. Así que dos amigas me agarraron del brazo.
¬ Bien, ahora llamo más la atención. Creo que esta estrategia no va a funcionar.
¬ Que sí, ya verás.
Yo, que he pasado muchas veces por estas situaciones, me esperaba lo de siempre.
¬ No puedes pasar con esas pintas.
[y si me escupes a la vez ya queda de película]
¬ ¿Qué pintas?
¬ Mi compañero dice que con ese atuendo no puedes pasar. Si sólo fueran las zapatillas podríamos hacer la vista gorda, pero así...
[poli bueno, poli malo]
¬ ¿Qué pasa? - pregunta un amigo, de forma retórica claro.
¬ Pues que aquí el caballero dice que con estas pintas no puedo pasar.
¬ ... con esa sudadera no puedes entrar.
¬ Así que es por la sudadera. ¿Con qué criterio? Porque si en lugar de poner AC/DC pusiera Nike, Adiddas, Billabong o cualquier otra etiqueta valorada en sesenta euros no me estarías diciendo eso.
Pero, amig@s, el portero tenía un recuerso más.
¬ Yo sólo cumplo órdenes.
Y si fuéramos a preguntarle al jefe diría que a su vez cumple órdenes de otro. Al final, el macho dominante en la cadena de mando diría que lo hace porque así son las cosas. ¿Acaso estos señores se piensan que por no llevar unos naúticos y un jersey de pico me voy a gastar menos dinero que el mejor vestido del bar? ¿Quién borró de nuestras mentes la sabiduría popular con dichos como el hábito no hace al monje?
¬ Mira, te dejo la chaqueta y entras con ella - me dice un amigo.
¬ Bueno, esa estrategia suele funcionar cuando no lo saben los porteros, pero en este caso... - le contesto, harto de la situación.
¬ Da igual, no puede entrar.
Y otra vez la misma historia de siempre. Te das la vuelta y te vas con cara de gilipollas, sin comprender esas estúpidas costumbres, esos filtros selectivos en la puerta de antros pretenciosos. No es la primera vez que me pasa, ni será la última. Me niego a disfrazarme para entrar en sitios que ni siquiera me interesan, donde la música es una mierda y donde cada copa te quita dos horas de vida.
Por si a alguien le interesa (para no ir) el local se llama Casco Antiguo y está en Alcalá de Henares (Madrid).

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Yo, me, mí, conmigo
by milio el día Enero 8, 2004 11:28 PM