Enero 28, 2004
Colapso
Caminaba por la Gran Vía, sumida en sus pensamientos, sin percatarse de que su paso se hacía más y más lento. El viento jugaba con su pelo, desaliñado, disfrutando de una libertad a la que no estaba acostumbrado. Un mechón rebelde luchaba por penetrar la barera de sus labios, pero ella parecía no percatarse de la intromisión.
Su paso se había detenido, convirtiendola en una estatua, en mitad de la Gran Vía.
La gente formaba un río de corrientes enfrentadas que luchaba por llegar a su destino a la hora acordada, con paso alborotado y sistemático. Y ella, como un islote, aguantaba la corriente que luchaba por arrastrarla, con la mirada perdida en un punto indefinido cercano al infinito.
[que le era tan familiar]
Un hombre, escondido tras un cartel, regalaba su poesía con el hambre centelleando en sus ojos. Un mimo ocupaba su esquina mientras su gato le ayudaba en aquella modesta performance. Ella se sentía, sin saberlo, cercana a estos pobladores habituales de la Gran Vía, una vecina más del barrio de los perdedores que intentaban recuperar su sitio en una sociedad a la que ni siquiera querían pertenecer.
[por inercia]
A su lado pasó un coche con la música demasiado alta. Una chica sonrió al reconocer la canción que escupían las ventanas abiertas del turismo, era The Scientist de Coldplay, la misma que sonaba en su discman, transmitiendo el sonido por el único auricular que tenía puesto, el otro colgaba graciosamente enredado en su pelo. Mientras se decía a sí misma que el mundo es pañuelo, que las casualidades existen y que quizá fuera su día de suerte, se alejaba de la zona con pasos rápidos, sin percatarse siquiera de la persona que estaba convirtiéndose, por momentos, en una pieza más de mobiliario urbano.
[inerte]
Sus ojos vidriosos no transmitían nada, sus sentidos habían dejado de funcionar, sus fuerzas estaban monopolizadas por el conflicto que se libraba en su interior. Una crisis de identidad donde los contendientes eran grandes interrogantes.
Había dejado de existir para el río humano que fluía a sus costados, era una piedra más en el camino, una farola que no alumbraba o un pivote sobre el asfalto. Sólo aquellos que compartían su condición podían sentir su presencia. Un indigente que dormía entre cartones le dirigió una sonrisa de complicidad.
¬ Ahora eres una de nosotros. Te guste o no, ya no existes.
Se giró lentamente y desapareció bajos sus cartones mientras el mimo le dirigía una mirada de preocupación. Pero no dijo nada, estaba en mitad de una actuación.
Realismo ficticio





