Enero 30, 2004
Tiempo perdido
Ayer sonaron en mi cabeza todas las alarmas, al unísono. Un luminoso con agresivas letras rojas chillaba: "Tercer Plazo de Matrícula". El reloj biológico (¿biológico?) que tanto falla en otras ocasiones, me avisaba de que tenía que pagar si no quería quedarme sin mi segundo cuatrimestre.
Mi historia con la universidad está llena de anécdotas de ese tipo. Ultimamente pago pero no voy. Había asistido a clase un par de días durante este cuatrimestre pero, no nos engañemos, sin apuntes y muchas prácticas sin hacer, es complicado siquiera soñar con aprobar. A veces creo que cometí un error al empezar a trabajar tan pronto. Pero luego miro hacia atrás y no me arrepiendo, he aprendido muchas cosas durante estos tres años y pico, conocimientos tanto técnicos como laborales que me darán una nueva concepción de las cosas...
[dicho queda muy bien, a ver si se cumple]
El pago del tercer plazo ha sido más relajado porque me he dejado un día de margen. Pero aún así he tenido que ir a que me imprimieran el tercer pago porque lo he vuelto a perder.
He tomado una determinación y estoy decidido a cumplirla. Se acabó el compaginar un trabajo de ocho horas (más n) con la universidad. Me dedicaré por completo a acabar la carrera de una vez (o a centrarme de una vez por todas) y trabajaré sólo en cosas esporádicas para mantenerme con algo de dinero. El negocio de la informática no está pasando su mejor momento, sobre todo a nivel de desarrollos. Atrás quedaron los tiempos en los que las empresas se gastaban ochenta o cien millones sin pestañear, y sin saber que les venderían su producto envuelto en una nube de humo. Tiempos propicios para que uno subiera su sueldo cambiando de empresa en empresa, porque siempre había alguien que te pagara más. Ahora las cosas se han puesto difíciles y las subcontratas están a la orden del día.
[el trabajo basura]
Además, seamos sinceros, nadie se fia de los informáticos al cien por cien. Quizá hayamos sido nosotros los que hemos fomentado ese clima de desconfianza. Aceptando proyectos que no podíamos hacer en tan poco tiempo para luego prolongar los plazos con un interminable mantenimiento para que, muchas veces, las cosas no funcionaran como debían. Y de eso no tenía la culpa el trabajador que se sienta ocho horas delante de la pantalla para sacar eso adelante, la tenían los directivos que cerraban tratos sin saber, temerosos de que se les escapara el cliente. O informáticos que contradicen a otros porque en este mundo hay miles de formas de hacer las cosas, y no todas buenas. Eso creaba el desconcierto y fomentaba la desconfianza.
Por todo esto, lo sé, necesito el título.
[y para ganar más]
Como un niño pequeño estoy deseando volver a clase (a la que nunca fui de forma continuada), coger mis apuntes (que siempre fotocopié a quien me los dejaba) y pelearme con unas prácticas que siempre disfrutaba haciendo. Pienso en comprarme una carpeta nueva, unos bolis baratos y un portaminas nuevo (que perderé sistemáticamente a los tres días). Rectificar mi camino y terminar lo que un día empecé.
Conocer gente nueva, volver nuevamente a aquello que llamaban vida universitaria, avanzar. Y es que a veces pienso que, de no haber estado trabajando, habría perdido cuatro años de mi vida, sin hacer nada.
Ahora, aunque no los haya perdido, quiero recuperarlos.
[comerme el mundo]
Yo, me, mí, conmigo





