Febrero 01, 2004
The Outsider
Chispeaba sobre la carretera. El sol estaba despidiéndose con sus últomos rayos de un día que no tardaría mucho en morir. Aferraba con fuerza el volante, apretando los dientes y dejando sus nudillos sin circulación. Estaban casi tan pálidos como sus mejillas, frías por la ausencia de sangre.
[sangre fría]
No sabía dónde iría, seguía hipnóticamente la línea discontínua que le separaba del otro carril. Conduciendo sin prestar atención, dejando que la carretera le llevara a un lugar desconocido. Evocaba novelas de personajes desarraigados que emprendían una nueva vida, tentando a la suerte con sus dados de marfil.
¬ Ojos de serpiente... Tiene gracia.
Absorto en sus pensamientos, no prestaba atención a la radio, que emitía un quejido contínuo y sin sentido, delirando con su cacofonía eléctrica. La ventana, abierta por completo, dejaba pasar un viento traicionero que lamía su cara con su lengua de pinchos, forzándole a entrecerrar los ojos contra su voluntad.
Una lágrima escapaba lentamente, sin levantar sospechas, y descencía a hurtadillas hacia un destino incierto.
Pensaba mucho, pensaba siempre, pensaba demasiado.
En su cabeza los recuerdos, tan recientes, bailaban bajo la dirección de un sádico coreógrafo. Recordaba su cara y le cambiaba la voz mientras su boca insinuaba un no. Y él desconectó, dedicándose a mirarla a los ojos, sin prestar atención a lo que decía. Siempre supo leer las miradas, y la suya más que ninguna otra. Cuando ella terminó su monólogo sin sentido le miró profundamente, esperando una respuesta quizá retórica. Un trueno calló todos los demás sonidos, sacandole de su ensimismamiento con un latigazo eléctrico. Despertó de golpe y lo que vio le pareció mucho peor que el mundo de sus pesadillas, su microuniverso paralelo, donde se evadía de la realidad con frecuencia, donde ella le había buscado y nunca lo encontró.
¬ Me voy, es tarde. Llueve ahí fuera. Me voy.
Ella pareció protestar porque él dejara las cosas a medias, pero él no la podía escuchar, había vuelto a su mundo. Alargando cada segundo diez veces más, pudo ver como en sus labios se dibujaba una protesta mientras él se daba la vuelta y corría, por instinto, hacia el coche.
Y ahora se encontraba en mitad de ninguna parte, unido a la realidad por un cordón umbilical, demasiado fino para aguantar su peso, pero lo suficientemente resistente para no perder el norte.
[mantener su rumbo incierto]
Una curva se dibujaba en el trazado de la carretera, pero él la ignoró. Por su actitud parecía conocer el desenlace, saber que sobreviviría sin un rasguño, dejó que la muerte se acercara lo suficiente como para notar su aliento.
Invadió el carril contrario, unas luces que se reflejaban en sus ojos, un frenazo, un volantazo, vueltas de campana y otro resplandor en el cielo. Diez segundos después, con el coche bocabajo sobre la calzada, el cielo rugía por su buena suerte.
Salió del coche como pudo, aún desconectado de la realidad y se sentó en el suelo con las piernas cruzadas mientras la fauna del asfalto revoloteaba a su alrededor, preguntando, consolando, hablando.
Y entonces decidió bloquear la puerta de sus recuerdos y empezar de cero. Su vida comenzaba en ese mismo instante.
¬ No te muevas que hemos llamado a la ambulancia. ¿Te duele algo? ¿Puedes ver cuántos dedos tengo aquí? Tienes buen aspecto.
Miró a la mujer que luchaba contra su nerviosismo y le dirigió una sonrisa tranquilizadora.
¬ ¿Tienes unas tijeras? Necesito cortar un cordón.
Dirigió una última mirada a su coche, literalmente destrozado, mientras en la radio (sintonizada por el golpe) sonaba una canción. De no haber desechado sus recuerdos la habría reconocido, pero para él era tan nueva como la vida que acababa de estrenar.
Disconnect and self-destruct
one bullet at a time
What's your hurry
everyone will have his day to die
A Perfect Circle - The Outsider
Realismo ficticio





