Febrero 08, 2004
Reality Bites
Si no hubiera soñado hace un par de días con ella no la habría reconocido cuando entró en el bar. En mi vida la había visto pero en el fondo la conocía. Revoloteaba por el bar, atrayendo las miradas de quienes pensaban que era un ángel (nada asexuado) que había caído del cielo por equivocación o por haber provocado la ira de Dios.
[que a veces llena el mundo]
Entonces pensé que si el cielo de los borrachos se parecía a eso, no debía ser tan mal lugar para vivir. Y así me perdí toda la noche entre luces, sombras, whiskys bien racionados y sonrisas ensayadas frente a espejos de mármol.
¬ Yo me apoyé en el cristal, no quería romperlo, se cayó solo...
Un chico con la mano ensangrentada se dirigía hacia nosotros con andar vacilante y etílico mientras el resto del mundo le ignoraba.
¬ ¿Qué te ha pasado en la mano? Parece que vienes de una matanza.
[de cerdos]
¬ ¿No habéis visto un cristal roto en Gran Vía? Lo he roto... sin querer.
Mientras decía esto un brillo emanaba de sus ojos. Nos miraba pidiendo aprobación, como un niño que acaba de comprender una verdad más de la vida. Yo ya conocía esa expresión de triunfo insatisfecho.
¬ ¿No tienes móvil? - ni se acordaba la criatura-. No te preocupes que yo llamo al Samur para que te curen esa mano.
[el buen samaritano]
¬ No te muevas que ahora vienen.
Nos lo agradeció aunque resentido porque no reconociéramos el mérito de romperle la luna al McDonalds y se quedó ahí, dialogando con los paseantes, escasos a las cinco de la madrugada.
¬ ¿Tuquequelé?
¬ Tabaco. ¿Qué tabaco tienes?
El vendedor ambulante no me entendía casi nada de lo que decía, suficiente tenía con recordar el chino con la borrachera que llevaba.
¬ ¿Tabaco? Ah-sí. Alboro Lai, Alboro, ####### (sonidos ininteligibles que intentaban describir marcas de tabaco)
¬ Dame un Marlboro. ¿Cuánto?
¬ ¿Tú Alboro?
¬ Cuánto.
Y hago el gesto internacional que popularizó el Dúo Sacapuntas, que hasta en china lo entienden.
¬ Tré.
¬ ¿Joder cómo ha subido la vida eh?
Es inútil, no me entiende.
¬ ¿Cerveza tienes?
¬ I. ¿Cuánta?
¬ Dos latas.
Levanto dos dedos. Entonces saca una marca que no he visto en mi vida, comprada seguramente en packs de mil latas. La miro pensativo.
¬ ¿Y no tienes otra? No quiero morir joven.
Obviamente, no me entiende. Y se empieza a reir a carcajadas. Al final me río yo también diciéndole con mi sonrisa: "Vale, ya me has engañado, espero que no sea cancerígena, al menos no más que el tabaco".
¬ ¿Cuánto es todo?
¬ Tabacocelveza, cinco.
¬ Ve con dios.
Y según me alejo vuelvo a escuchar una carcajada. Pienso que no es tan difícil hacer feliz a la gente.
[¿o sí?]
Son casi las seis de la mañana. Dos figuras descansan en un banco en el parque de Plaza España. Ríen, hablan, fuman (sólo uno de ellos) y beben cervezas de marcas desconocidas. Un hombre, en manga corta, pasa corriendo mientras los dos personajes se cubren con todo lo que tienen, presas del frío punzante. Les saluda efusivamente con la mano al pasar.
¬ Qué amable es la juventud. ¡Qué bonito es ser joven!
Y, mientras el hombre extraño se aleja, se escuchan dos carcajadas que llenan el parque.
¬ Creo que viene de rodar un anuncio de compresas.
Las dos carcajadas se amplifican, estallan y mueren.
[la fauna urbana, siempre sorprendente]
Yo, me, mí, conmigo





