Febrero 15, 2004

Amor Precario

Le compraría un millón de rosas, planearía un viaje a lugares desconocidos de habitantes pintorescos donde el sol no se pusiera nunca. Entonces pensaba en la hipoteca, las letras del coche (que podían formar fácilmente el alfabeto chino cantonés, chino tradicional y parte del cirílico).
[era de letras]
Llovía en la calle. Un deportivo rojo ronroneaba furioso mientras provocaba una ola de agua sucia y pestilente. Le mojó de pies a cabeza, pero no le importaba. Él la llevaría donde ella quisiera en ese deportivo, dejando que el viento jugueteara con sus cabellos mientras el atardecer se compinchaba con ellos. Entonces aparecería el señor del banco, en el asiento de atrás, trajeado hasta la médula.
¬ Hola, soy tu crédito. ¿Dónde crees que vas en este coche? ¿Tú sabes lo que vale? No puedes permitirte ni soñar con él, ni siquiera podrías pagar la gasolina.
Entonces caía del coche en marcha mientras el señor trajeado se alejaba con su chica de copiloto, mientras el atardecer le dedicaba una sonrisa irónica.
[insoportable]
Le regalaría una noche de lujuria, colmada de placeres indescriptibles, en una cama giratoria y parlanchina, de agua y con un colchón de humo aire de los que venden en el teletienda. No faltaría champagne francés ni fresas silvestres recién recogidas... Pero, ¿en qué estaba pensando? Si dormía en la misma cama desde que tenía uso de razón, sobre un colchón blando y ruidoso, reumático y hosco, que se quejaba cada noche por el peso de su acompañante. ¿Champagne francés? Ni siquiera podía pagar una botella de sidra.
[de oferta]
Seguía inmerso en sus cavilaciones, sin percatarse de que su ropa mojada y sucia no se despegaba de su piel, emitiendo ruidos desagradables y chapoteos irrisorios. Un anillo del mejor oro que encontrara, con diamantes engarzados, pantalla LCD y GPS incorporado, para que siempre encontrara el camino de regreso a su lado. Entonces la parte de su conciencia que en las películas siempre representan con un diablillo (que es infinitamente más lista que el pobre angelito pánfilo) comenzó a reírse a carcajadas.
¬ Un anillo, alma cándida. Lo más parecido a un anillo que has visto en tu vida son los aros de cebolla que venden en los frutos secos de tu barrio.
Apretó los puños y comenzó a correr bajo la lluvia, en una escena que emanaba patetismo. Él se imaginaba como el protagonista despechado de una película lacrimógena, corriendo estoicamente hacia su destino, encuadrado en un plano que hacía vibrar a los espectadores. Pero él, corriendo, parecía un niño asustado con los carrillos sucios y una mueca de estupidez en su cara.
En su veloz carrera no se fijó en el cartel que se mecía sobre su cabeza: dar para recibir. No lo necesitaba, un fantasma con forma de billete lo había grabado a fuego en su cerebro. Tampoco se percató de que en la acera opuesta, en la misma calle, una mujer solitaria caminaba pensativa bajo un telón de lluvia.

Ella lo tenía todo pero no tenía a nadie.

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Febrero 15, 2004 08:45 PM