Febrero 23, 2004
Confusiones
Llegaba tarde, como siempre. El autobús no aparecía y el metro se paraba entre las estaciones, tragado por gusanos negros mientras los viajeros se revolvían inquietos, calculando las consecuencias de su retraso.
[y las causas que nadie creería]
Yo, mientras tanto, pasaba despreocupadamente las páginas de un libro, contemplando con curiosidad la fauna del metro. Tampoco importaba si no llegaba a tiempo a clase, no era algo que me quitara el sueño.
Llegué a la universidad diez minutos después del comienzo de la clase. Lo suficientemente tarde como para no molestar a un profesor que aún no conozco ni atraer las miradas curiosas de unos compañeros con los que aún no he tenido tiempo de relacionarme.
¬ Un café con leche templada.
¬ Marchando.
El camarero ejecuta el procedimiento muchas veces repetido, un automatismo de su profesión.
¬ ¿Cuánto es?
Por un momento me mira con curiosidad, sorprendido de que a estas alturas de curso no sepa lo que vale un insufrible café.
¬ Sesenta.
Busco con la vista una mesa libre donde tomarme el café y fumarme un cigarrillo mientras pasa la hora que he perdido entre trasbordos e indecisiones. El café no se deja beber, ni siquiera cuando le echo un sobre más de azúcar. Empiezo a adivinar que esta noche se producirán turbulencias en mi estómago. Miro el horario por última vez para corroborar lo que tengo en mis recuerdos.
¬ Aula 13.
Recorro los pasillos buscando el aula donde se imparte mi siguiente clase, la primera de esa asignatura a la que voy a asistir. Me siento en un sitio centrado, saco un par de folios, un boli y repaso mentalmente lo que recuerdo de una materia que no me convalidaron y me veo obligado a estudiar otra vez. Entonces entra un hombre encorbatado, con cara de pocos amigos y ligeros indicios de estreñimiento en las arrugas de la frente.
¬ Variables aleatorias n-dimensionales. Son aquellas que...
[¡¿qué?!]
Todo el mundo parece interesado en lo que ese señor está diciendo. Todos menos yo. No hizo falta captar más para saber que me había equivocado de aula y estaba en otra asignatura.
[maldito imbécil despistado]
En mi cabeza un montón de ideas contradictorias. Flashes de situaciones hipotéticas que mi mente calenturienta dibujaba para mí. En una de ellas el profesor me pedía que corrigiera un ejercicio o que respondiera a una de sus sagaces preguntas y yo me quedaba en blanco mientras me reía a carcajadas. Tenía una hora por delante, así que algo tendría que hacer: coger apuntes.
[que después tiraría a la basura]
Por suerte, delante mío se sentaba una chica guapísima. Ya no viajaría solo por las tierras de las divagaciones.
[o quizá sí]
Nota: quedan un par de días para el Beers&Blogs, anímate.
Yo, me, mí, conmigo





