Marzo 17, 2004

Desidia

La noche se retiraba, soñolienta, a sus dominios en el reino de la oscuridad. Un haz de luz se coló entre los huecos de la persiana cumpliendo una posibilidad remota, alineando el sol con su ojo derecho.
[azul]
El reloj, cansado de tanto escrutinio, marcaba las horas con resignación. No podía retrasarse ni un segundo cuando alguien observaba su mecanismo con tanta atención. Conocía demasiado bien a los humanos y podía interpretar este comportamiento como el ansia por acelerar el tiempo. Es por eso que miraban la hora a cada minuto, anhelando que hubieran pasado dos.
[jugar con el tiempo]
Yacía sobre el colchón con los músculos relajados y la mente tensa. Detuvo su mirada en esa estantería colgada precariamente en la pared, sobre su cabeza. Se dijo a sí misma que un día de estos debería quitarla, antes de que se cansara de sostener aquellos viejos libros y se dejara caer sobre su propia cabeza. Pero eso, por ahora, era secundario.
[todo lo era]
En unos minutos sonaría otra vez el maldito despertador, reclamando su atención como un niño enrabietado. Aquel infame aparato no atendía a razones, no le importaba que su víctima no hubiera pegado ojo en toda la noche.
Días oscuros que se confundían con noches interminables. Veladas silenciosas que oprimían las mentes más cuerdas. Luces y sombras en el caleidoscopio de la rutina. Ya estaba cansada de luchar contra un insomnio caprichoso que no atendía a razones. Se había resignado a dejarse caer en la cama, en estado de letargo, en espera de que Insomnio se cansara y le permitiera descansar un par de horas.
Siempre acababa por marcharse, al igual que siempre volvía cada noche. Si quería estar dentro de aquello que llaman sociedad, debía ajustarse a sus horarios, ser una pieza más que encajara perfectamente en alguno de esos enormes engranajes.
[el mecanismo social]
Se levantó perezosamente, con el cansancio pisándole los talones, y se enfundó su traje transparente. Ese atuendo que hacía que su cuerpo fuera invisible a todas las miradas casuales de transeúntes despistados y, sobre todo, a sus víctimas. Salió de su casa, silenciosa como una sombra.

Despierto sobresaltado por un picotazo. Busco con la mirada al insecto o criatura culpable, pero no encuentro nada. Entonces me encuentro mucho más cansado que nunca, tengo que abandonarme a mi suerte en el mundo de los sueños.
[caigo fulminado]

Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Marzo 17, 2004 10:11 PM