Marzo 29, 2004

Rain

Llovía en la ciudad. Era una de esas noches en las que las nubes quieren ser las protagonistas de una película en la que no fueron incluidas, ni siquiera como extras. El frío campaba a sus anchas y se colaba por los resquicios que dejaban prendas amplias en cuerpos menudos. En cada local, un puñado de cuerpos anónimos se movían al compás que marcaba el improvisado jefe de ceremonias desde su mesa de mezclas. Muchas copas se apuraban llevando a sus consumidores por encima del límite de la lucidez. Anonimato y timidez borrados con goles etílicos, muecas que nacieron con el propósito de ser sonrisas y que se quedaban en meros intentos, desfigurando caras y boicoteando monólogos. Almas solitarias bailando en el centro de pistas de baile, centro de atención durante unos segundos, anonimato que dura horas. Conversaciones acalladas por demasiados decibelios, declaraciones de intenciones abortadas en el último segundo y sustituidas por sonrisas de complicidad y un pensamiento de ahora o nunca. Codazos en los baños por las blancas líneas de la vida (y de la muerte), olores africanos liados en papel de arroz, cuerpos fláccidos sobre sillones destartalados. Y las luces, siempre las luces, dirigiendo la muchedumbre con la batuta del azar.
[la noche]
La lluvia nunca le molestó. Es más, casi podría decirse que le gustaba la sensación que creaban las diminutas gotas al golpearle rítmicamente. Nunca llevaba paraguas, quizá por una costumbre cauterizada en su conducta. La lluvia siempre le llevaba a lugares lejanos en tiempos remotos, activaba el mecanismo del recuerdo. Una máquina que, una vez en funcionamiento, era muy difícil detener. Normalmente habría que esperar hasta que se acabara el suministro.
[se agotaran los recuerdos]
Ese camino lo había hecho muchas veces y sus pasos lo demostraban sin vacilación. La vuelta a casa en mitad de la noche siempre fue un momento conflictivo. Encendió un cigarrillo en el punto aproximado donde siempre lo hacía, cobijándose de la lluvia bajo una terraza, sin detener su paso. Y se dejó llevar al pasado, sabedor de que sus pies no necesitaban más indicaciones para llegar a su destino.
Sonrisas irónicas tras días aciagos, lágrimas contenidas que luchaban contra la indiferencia, gritos de rabia que murieron antes de nacer. Algunas veces la percepción estaba etílicamente distorsionada. Otras, el cansancio se se encaramaba sobre sus hombros luchando por derribarle. La ilusión de las primeras salidas nocturnas y la rutina de los años venideros. La emoción de experiencias sexuales recientes y la impotencia ante posibilidades remotas que nunca pudieron ser. Sonrisas lánguidas en muchas caras distintas, besos apasionados y, con menos frecuencia, promesas de amor que revoloteaban alrededor de su cabeza. Luces y sombras de una vida que, en muchos aspectos, se podría sintetizar en ese camino tantas veces recorrido.
[la senda de la vida]
La noche no acababa ahí. La noche continuaría sin él, ajena a las individualidades, a las miserias y a las alegrías personales. Era una noche negra en sus recuerdos. Nostalgia salió de entre las sombras y le siguió de cerca, mezclando su presencia con el frío glaciar reinante, acompañándole hasta que el sueño consiguiera vencerlo.
Y, mientras tanto, los cuerpos seguían agitándose, sincronizados con ritmos frenéticos, conformando la fauna de una noche que nunca se detiene.

by milio el día Marzo 29, 2004 11:40 PM
Comentarios

Perfecta descripcion de una noche cualquiera, de cualquier individuo en cualquier ciudad...pero siempre enfocado desde el caledoscopio mágico del Sr. Milio xD

Un abrazo amigo
Salud y Revolución

by: Yasser el día Marzo 30, 2004 04:02 PM

Yasser: Ya sabes que el caleidoscopio siempre viaja conmigo. Siento curiosidad por saber cómo se ve la noche desde otro par de ojos que no sea el mío.

Un abrazo ;)

by: milio el día Marzo 31, 2004 09:06 PM