Abril 06, 2004

One of us

Los rayos de sol aún no derrochaban toda su fuerza. A esas horas la luz empezaba a dominar el entorno pero aún se desarrollaban los últimos coletazos de la eterna lucha entre el día y la noche. Un reloj incrustado en una pequeña rotonda marcaba alternativamente la hora y la temperatura: siete menos diez, quince grados centígrados. Los coches llenaban la ciudad como si fueran hormigas, desplazándose en escrupuloso orden hacia su destino.
[el de siempre]
Rutina manejaba los acontecimientos diarios con sus hilos invisibles, luchando por una tranquilidad que representaba el centro de su vida como entidad abstracta, intrínseca de la propia ciudad, de cualquier ciudad. Algunas persianas se retiraban a sus refugios, dejando que el aire de esa mañana primaveral se llevara de un plumazo los ambientes cargados tras una noche demasiado larga.
Cada noche la pasaba en un lugar distinto, en un cuerpo diferente. Todo aquel que posara su mirada por un instante en aquella figura sólo vería a un indigente bajo sus cartones. No dormía, hacía rato que el ruido de los coches le había despertado. Yacía en su lecho improvisado. Un codo sostenía el peso de su cabeza, una sucia mata de pelo le caía sobre ese mismo brazo, ocultándolo casi por completo.
[sonreía]
Un cartón blanco descansaba sobre su tripa, garabateado con trazos prácticamente ilegibles. El texto cambiaba a placer, había un mensaje para cada persona, una imagen para cada par de ojos que miraran aquel cartoncillo, y él controlaba cada detalle en todo el proceso.
Un hombre enfundado en su traje, sometido a la voluntad de una corbata caprichosa, intentó aparentar como si no hubiera visto nada, como si sobre aquellos cartones no hubiera nadie. Su curiosidad le llevó a mirar de reojo el cartel:
Por muy largas que puedan parecer las noches, siempre terminan con el amanecer
Intrigado, detuvo sus pasos y buscó en su bolsillo algo de calderilla. Dejó un par de monedas en el vaso de papel y continuó su camino sin mirar atrás. No se dio cuenta de que, unos segundos después, las monedas aparecían nuevamente en su bolsillo.
En sentido contrario avanzaba un sacerdote vestido con el uniforme del trabajo.
[fichando para Dios]
Dirigió una mirada condescendiente al despojo humano que le miraba desde el suelo. Se sacó unas monedas del bolsillo y, mientras las depositaba en el vaso, miró el cartel:
¿A quién crees representar? Evoluciona
El sacerdote se puso pálido. De no ser porque las monedas ya descansaban en el fondo del vaso se lo habría pensado dos veces antes de dejar su donativo. Se incorporó bruscamente y se alejó con paso rápido, moviendo la cabeza de un lado al otro en un gesto de incredulidad.
El vagabundo se aseguró de que nadie estuviera le estuviera viendo en ese momento, miró al cielo y desapareció fundido en un rayo de luz mientras la radio de un coche cantaba One of us1:

What if God was one of us
Just a slob like one of us
Just a stranger on the bus
Trying to make his way home

[al día siguiente volvería]



One of us1 es una canción de Joan Osborne.
Clasificado en:
Realismo ficticio
by milio el día Abril 6, 2004 02:30 PM